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Chivos expiatorios

Siempre que una novedad nos asalta truncándonos el natural devenir, volcamos nuestros miedos en lo que más convincente nos parece. A veces, son personas, otras son virus, también en las vacunas, en rumores, en eclipses, y así hasta el infinito. Todo ese múltiple trasvase lo hacemos para liberar esos pesares que nos atormentan. Los chivos expiatorios existen, aunque la Edad Media esté lejana. Las brujas hace siglos que dejaron de serlo en las hogueras, pero ahora en este mediático siglo XXI las tesis conspiranoicas son las que sirven para tal fin. Ellas campan a sus anchas por internet ocupando el lugar de los mediáticos chivos expiatorios. La evolución en el tratamiento de nuestros miedos es insignificante, por ello deberíamos de dejar atrás el cinismo de una vez, y ser capaces de decirnos en voz alta que somos unos-as adictos-as a los teléfonos móviles anulando cualquier posibilidad de discernir si lo que “scroleamos” es verdadero o “fake”. Ya deberíamos saber que internet tiene sobre nosotros un poder exponencial, por lo que debo de decir que como buena herramienta está muy mal utilizada. Quizás, habría que pedirle a la ciencia que investigue en la Fe, y conteste ¿por qué seguimos vivos?