Lo sucedido hace unos días en Ceuta podía haberse evitado. Las más de 70 muertes, por desgracia, habrán sido en vano, y nadie se acordará de ellos en unos días. Ceuta y Melilla no pueden soportar más el olvido del Gobierno. Como dijo alguien, no hay que preocuparse, sino ocuparse de los problemas y nadie lo ha hecho. Estas dos ciudades autónomas tienen los mismos derechos que las restantes ciudades españolas, y hay que tratarlas como cualquiera otra del territorio nacional. ¿Se imaginan una avalancha de tales dimensiones en Barcelona, Bilbao o Madrid?. Ya sé que ninguna de estas ciudades limitan con Marruecos, pero si tuvieran frontera con este país vecino (y no siempre amigo), seguro que las autoridades españolas velarían por su seguridad de manera bien distinta a como actualmente lo hacen con Ceuta y Melilla. Y como siempre sucede en España, en lugar de unirnos, se enfrentan los políticos para sacar provecho de esta crisis sin importarles nada los ceutíes. Si hace unos días fuimos portada en el mundo con nuestra selección de fútbol, ahora somos portada por la manera de gestionar esta crisis y, lo que es peor, la manera de tratar a nuestros compatriotas caballas.