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CAMBIAMOS DE PIEL, NO DE ESENCIA

Cambios económicos

Hace apenas unos días vio la luz un estudio de la Cámara de Comercio de España y del Consejo General de Economistas, “50 años de evolución económica, social, empresarial e institucional de las provincias en España”, que podemos sintetizar en el siguiente titular: “España ha incrementado su población en más de 13 millones de habitantes y ha multiplicado su PIB por casi 38”. El informe pone de manifiesto que nuestro país ha experimentado durante los últimos cincuenta años uno de los mayores procesos de transformación económica y social de su historia. A este cambio han contribuido diferentes factores, tales como la consolidación democrática, la integración en la Unión Europea, el desarrollo del estado del bienestar y la modernización del tejido empresarial, que han permitido elevar significativamente los niveles de renta, bienestar y competitividad de España. No obstante, en el estudio queda reflejado que el crecimiento se ha concentrado principalmente en las grandes áreas metropolitanas, en las provincias costeras y en los archipiélagos.

¿Cuáles han sido las principales transformaciones estructurales de la economía española durante las últimas décadas? El profesor Rafael Myro nos señala las siguientes: opción 1: cambio de la estructura productiva en favor de la industria y los servicios y en detrimento de la agricultura, es decir, lo que conocemos como proceso de “desagrarización”. Esta transformación afecta positivamente a la renta per cápita, ya que en las primeras fases de la industrialización la productividad del trabajo es mayor en la industria y los servicios, mientras que en las etapas más avanzadas la mecanización hace que se incremente la productividad de la agricultura. En efecto, la población ocupada en la agricultura ha pasado del 38,7% en 1960 al 3,6 en 2023, por su parte, en los servicios se ha pasado del 31% en 1960 al 78,2 en 2023, en un claro proceso de “terciarización”; opción 2: una segunda transformación ha sido la internacionalización de la economía española a través de los flujos de comercio exterior con el resto del mundo. El grado de apertura al exterior se mide calculando la proporción que representan la suma de sus exportaciones e importaciones con relación al PIB (X+M/PIB). Pues bien, España ha pasado del 12% de 1960 hasta el 73 en 2023. No cabe duda de que durante este periodo ha aumentado también el tamaño y la productividad de las empresas exportadoras, mejorando su capacidad competitiva; opción 3: aumento del gasto público respecto al PIB, que ha pasado del 19% en 1964 hasta el 45,4 en 2023 —el máximo histórico fue del 52% en 2020 como consecuencia de la pandemia—, todo lo cual es una clara manifestación del desarrollo del estado del bienestar; opción 4: otra reseñable transformación ha sido la mayor equidad en la distribución de la renta, tanto funcional —distingue la proporción de renta que perciben los factores productivos (trabajo y capital)—, como personal —menor renta acumulada en los estratos de mayor riqueza—, como espacial —mayor equidad entre las diferentes demarcaciones territoriales—, a pesar de lo cual subsisten diferencias apreciables en el PIB per cápita provincial, la tasa de paro, la dotación de infraestructuras, etcétera; opción 5: para concluir se ha de constatar la creciente presencia de inmigrantes en nuestro país, cuya proporción sobre la población total ha pasado del 0,9% en 1990 hasta el 20,8 en 2025, habiendo contribuido significativamente al crecimiento de la población y al incremento del PIB durante los últimos años.

Tras estos decenios, España ha pasado de ser un país autárquico —cerrado al exterior— a otro competitivo y abierto al mundo; de un país que emitía emigrantes hacia Europa a otro que recibe inmigrantes de todo el mundo; de un país de agricultores a otro que basa su empleo en los servicios —turismo, pero también en las tecnologías más avanzadas—; de un país en desarrollo a otro avanzado y en el grupo de los pioneros del mundo; en suma, de un país “en blanco y negro” a otro “en colores” y que como decía un destacado dirigente político de la transición: “Hoy a España no la conocería ni la madre que la parió”.