Calma chicha

    15 ago 2022 / 16:00 H.
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    Este verano interminable parece querer llevarnos al límite de nuestras fuerzas a base de días y noches de calor sofocante. Los campos están agostados hace ya tiempo, los olivos soportan la pertinaz sequía ajados, tristes, secos y faltos de frutos, los embalses están muy por debajo de los niveles habituales en esta época del año, el paisaje languidece sin apenas vida animal por falta de hierba y agua, y en el campo sólo se escucha el desagradable estridular de las chicharras. En muchos lugares de la provincia, el exiguo cauce de los ríos es el último reducto donde encontrar algo de frescor y restos de esa fauna que se resiste a morir extenuada. Las condiciones ambientales están llegando al extremo y no hay previsiones de que esta situación pueda llegar a mejorar a corto plazo. Estamos en calma chicha mientras el clima parece estar cambiando para mal a marchas forzadas, sin que podamos hacer nada inmediato para intentar remediarlo, sino al contrario, cada día nos despertamos con la noticia de nuevos incendios en todo el territorio nacional, unas veces en el Galicia, otras en Castilla, ayer en Aragón, hoy en Andalucía y mañana vaya usted a saber dónde, pero seguro que se iniciará otro nuevo fuego que arrasará unos cuantos miles de hectáreas. Así una y otra vez sin que esto tenga visos de acabar, y al final del camino sólo se vislumbra una catástrofe ecológica de consecuencias impredecibles.

    A mediados de agosto, los pueblos celebran sus fiestas y ven con alegría el regreso temporal de sus emigrantes más modestos que disfrutan durante unos días de sus mejores recuerdos, hablan con sus amigos y paisanos de lo dura que está la vida en sus lugares de trabajo y se hacen a la idea de que ya no podrán cumplir el sueño de regresar algún día porque ahora que están a punto de jubilarse, sus hijos y nietos les siguen necesitando por aquellas tierras de adopción donde han echado raíces, así que ya llenos de nostalgia están un año más vez haciendo las maletas y preparando la obligada vuelta al trabajo. Las playas también están hasta la bandera, y gracias a Dios que se puede disfrutar unos días en un mar caliente como el caldo y a veces hasta es posible darse un baño con permiso de las medusas que este verano están haciendo su picajoso agosto. Los restaurantes de playa, cuanto más caros mejor, aunque no siempre acompañe la calidad al precio, no tienen una mesa libre hasta septiembre, los otros lugares de ocio, hoteles de lujo y campos de golf, discotecas, ‘beach clubs’ y demás engendros emisores de ruido insoportable están a rebosar con colas de aspirantes a ‘influencers’ luciendo palmito acompañadas de aprendices de ‘spanish gígolo’ émulos de un tal Gere. Este verano por haber colas las hay hasta para subir al K2 que ya es decir, todo a unos precios de escándalo, la gente protesta de lo caro que está todo, critica la gestión de todas las administraciones públicas habidas y por haber mientras pronostica males irremediables a causa del mal gobierno que dicen caerá como un castillo de naipes en cuanto haya elecciones, pero al final a la mayoría de este sufrido pueblo todo le importa un ardite, aunque se hace mucho ruido con cualquier tema, se inventan bulos a troche y moche mientras se bebe cerveza bien fría con una tapita que bien la acompañe, se encogen de hombros como diciendo ‘aquí me las den todas’ y se sigue consumiendo como si en ello nos fuera la vida. La situación social también es de calma chicha con anuncio de tormentas en cuanto llegue septiembre, pero mientras tanto vamos tirando que no es poco y después de todo seguimos vivos y podemos contarlo, aunque como bien dice mi buen amigo el tabernario Chemístocles, que muchos conocen, pero pocos saben que filosofa por Guarromán, nos convendría recordar que ‘la vida es una aventura de la que nadie sale vivo’. Mientras tanto en este tiempo de canícula interminable les invito a tomarse las cosas con filosofía, beber con moderación, tomar un platito de caracoles, que ya están al final de temporada y sobre todo vivir y dejar vivir. Lo dicho, calma chicha.





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