Muchas veces, casi sin darme cuenta, me encuentro escuchando fragmentos de conversaciones ajenas. Esto me sucede con frecuencia en los bares, en el asiento de un autobús, en los restaurantes. Sin quererlo se despierta en mí la curiosidad y llego a convertir las charlas de los demás en una agradable distracción. Ayer estaba con mi amiga Isabel Ayala en una de las pocas tabernas castizas que van quedando en nuestra ciudad y que es uno de esos bares de siempre de los que todavía sobreviven a las franquicias, a los cafés de especialidad donde te tomas un café por cinco euros y a esos restaurantes donde haces lo mismo que en tu casa y te sirves tú mismo. En nuestra taberna, al ser tan pequeña, era imposible no escuchar la conversación de un señor mayor de aspecto desaliñado y actitud altiva que llevaba una chaqueta de lino desvaída y que tenía a su lado a una joven con un mono azul con sus mangas atadas a la cintura y una camiseta toda recorrida de manchas de pintura que miraba al otro con una impaciencia inocultable. Ya habíamos pagado y estábamos a punto de irnos cuando se despertó en mí la curiosidad, así que le hice una señal al tabernero para que volviera a llenar y saqué mi libretilla y mi bolígrafo presto para pergeñar este artículo. Anoté sus frases con prisa mientras se sonreía mi amiga y miraba cómo llenaban de nuevo el cristal.— Hombre, Cayetano, comparar el absentismo laboral con el cáncer quizás no sea el momento más brillante de la carrera política de este señor. Y, menuda carrera, llena de amistades peligrosas, crema solar “Factor Feijóo”, baches dialécticos y meteduras de pata. A ver, que digo yo, que si no tienes ni pajolera idea y confundes lo que son los permisos de maternidad, las bajas por enfermedad, los cuidados a dependientes y otras desgracias con lo que es el absentismo laboral, pues cállate.
El señor mayor, mientras la escuchaba, miraba la superficie del líquido de su vaso como el que contempla un lago. La joven, a su lado, continuó.— Y esto lo dice un señor que representa a un partido cuya desastrosa gestión sanitaria en Andalucía se saldó con una serie de fallos en los diagnósticos de cáncer de mama que afectan a más de dos mil mujeres y que vete a saber cuántas no lo han contado.— ¡Pero, Charo! ¡Qué cáncer ni cáncer, eso era nada más que una metáfora! —bramó el mayor, propinando un sonoro palmetazo en la barra de acero inoxidable—. Lo que quiso decir es que el absentismo es el agujero negro de la economía de nuestro país, y que es nuestra ruina.— Hombre, Cayetano, tampoco te pongas así, que lo que tú acabas de decir es lo que la prensa de derechas lleva repitiendo desde su discurso y, además, mezclan intencionadamente lo que son las bajas médicas con el absentismo laboral. Y a este señor más le valdría aprender a manejar con cuidado las metáforas, y especialmente las metáforas cancerígenas, y es que no solo ignora por completo el funcionamiento de las metáforas, sino también el de la legislación laboral y de los derechos de los trabajadores. Los mismos trabajadores a los que criminaliza.— ¡Que sí, que sí, Charo! ¡Pero si eso del cáncer lo dijo sin pensar! — Pues hay que pensar, Cayetano, pensar antes de hablar. Pensar en que, por ejemplo, el pobre Borja Sémper, el portavoz de su partido, acababa de volver a su trabajo después de una baja de diez meses por un tumor. Por eso, Cayetano, hay que pensar antes de hablar.— Mujer, los tiempos y los políticos han cambiado y ahora se exige un léxico breve y claro, y es lo que hizo al hablar así.— Ahora lo que se exige es que seamos borregos dóciles, Cayetano. Y a este señor se le ha olvidado ya la contractura que agarró en la espalda cuando Silvia Itxaurrondo en la entrevista le dijo que mentía con respecto a las pensiones y tuvo que cancelar actos de campaña y compromisos parlamentarios por aquel severo ataque de lumbalgia. La de trabajadores que podríamos utilizar una excusa así para faltar al trabajo de no ser, primero, porque deberíamos presentar un papel firmado por el médico y, segundo, porque quizás el trabajo de Feijóo no sea un trabajo de verdad.