Salimos de cenar y de vuelta a casa optamos por dar un paseo por Bernabé Soriano. El panorama me indujo a esta reflexión: las ciudades se reconocen por sus monumentos, por sus calles principales y sus gentes. Jaén se reconoce en Bernabé Soriano, por ser una de las vías más importantes y muy apta para el paseo. Precisamente por eso conviene preguntarse qué modelo de ciudad estamos permitiendo cuando el espacio público deja de ser de todos para convertirse, en una prolongación privada de negocios. Me siento muy orgullosa de nuestra pequeña ciudad, cuando veo esta calle abarrotada de vida en sus aceras, de numerosos jiennenses departiendo en sus terrazas. No obstante, considero inaceptable que las mesas y sillas de los diferentes negocios de hostelería que allí se desarrollan, terminen invadiendo los bancos públicos hasta impedir que los vecinos puedan sentarse. Estos asientos son un servicio público básico. Los utilizan personas mayores que necesitan hacer una pausa, familias con niños, turistas que recorren el centro, trabajadores que descansan unos minutos y cualquiera que, sencillamente, quiera disfrutar de la calle sin tener que consumir. Cuando esos bancos quedan bloqueados por veladores, el mensaje implícito es inadmisible: “Si quiere usted sentarse, pida algo.” La calle pertenece a todos, también a quienes no pueden o no desean pagar una consumición. Una ciudad amable no se mide solo por la cantidad de terrazas llenas, sino por la facilidad con la que una persona puede caminar, detenerse, conversar o descansar sin sentirse expulsada por la ocupación comercial del suelo común. El problema es que las terrazas rebasen los límites razonables. Corresponde al Ayuntamiento garantizar que los veladores cumplan estrictamente, que las mesas no ocupan más espacio del permitido y que ningún banco público queda inutilizado. Defender los bancos públicos no es una cuestión menor, ni una manía de quienes protestan por todo. Es defender una idea de ciudad: una Jaén accesible y pensada para las personas. Cuando un banco público deja de poder usarse, no se pierde solo un asiento, se pierde un pequeño fragmento de ciudad compartida.