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Asimetrías e inmigración

En un mundo como el actual, marcado por fuertes desigualdades, la globalización afecta a la identidad de las personas y al desarrollo armónico de la sociedad, generando procesos asimétricos a nivel social y educativo pero, sobre todo, asimetrías en el ejercicio de los derechos humanos, es decir, una falta de equilibrio donde un mismo origen produce dos resultados diferentes en un símil con las dos caras de una misma moneda o con los dos hemisferios de nuestro cerebro, donde el izquierdo procesa la lógica y el lenguaje y el derecho lo hace con la intuición y el espacio. Dos caras de la misma mente operando de manera diferente. La inmigración también tiene dos caras. En una de ellas podemos ver a personas exasperadas que tratan de huir de la pobreza y los regímenes dictatoriales. Y en la otra se ven esas mismas personas tratando de entrar en Europa a la búsqueda de una mejor calidad de vida. La incursión por mar y tierra hace unas semanas de miles de personas en la ciudad de Ceuta (no fue un bulo) debe ser objeto de un análisis profundo, tanto en España como en el resto de Europa, pero no abordar (como se está haciendo) el problema de manera somera, incluso trivial y centrándose en acciones a corto plazo. Las soluciones que se proponen en Europa siguen siendo las de siempre: contención, cierre de fronteras, represión, expulsión, militarización, que no son sostenibles en el tiempo. Este episodio también debería servir de alerta para entender situaciones migratorias que se viven en otras partes del mundo generadas por profundas asimetrías de desarrollo social y económico, especialmente para niños y jóvenes. La herramienta migratoria sigue siendo especialmente eficaz contra gobiernos democráticos. Esa es la trampa. Una trampa que funciona incluso cuando la tentativa naufraga. Si los inmigrantes no logran entrar, el país receptor ya invirtió en desplegar seguridad y construir infraestructuras. Si logran entrar, debe asumir los costes de su estancia. Si los retorna, tendrá que afrontar críticas judiciales y humanitarias. Si modifica el marco legislativo, puede generar una crisis política interna. Y si trata de negociar con el país vecino para detener el flujo, aumenta el poder de negociación del país de origen. No es sencillo. España es en la actualidad uno de los países más polarizados del mundo occidental, a pesar de ser una democracia parlamentaria multipartidista, incrementándose la polarización en torno a los procesos de inmigración. Este hecho da lugar a asimetrías en relación a la misma, tanto en las formaciones políticas como en la opinión de la ciudadanía. En el ámbito político, las formaciones consideradas de derecha, tienden a ver la inmigración como algo que hay que contener mientras que los partidos de izquierdas se centran más en los derechos humanos. Las dos caras de una misma moneda. Una asimetría perfecta. Sin embargo, habría que discernir entre inmigración legal e ilegal para poder entender estas posturas. Es por ello que la ideología política, o quizás sería mejor decir el partidismo, alimenta el debate sobre las asimetrías de la inmigración entre la regulación y los derechos de las personas. Impedir la inmigración irregular y facilitar la inmigración regular constituyen las dos caras de la misma moneda. No provoquemos mayores asimetrías de las que ya existen, polarizando las opiniones y las acciones en un tema muy complicado de resolver y en donde también influye la manera en la que nos involucremos resistiendo a estos tiempos de creciente autoritarismo.