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sábado, 24 agosto 2019
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URGENTE

Con otra marcha, Belén Aguayo Aragón

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Su abuela Enriqueta le enseñó a arreglar los boquerones y a comerlos crudos, aunque ahora no se puede —aclara—, y que el cocido sabe mejor acompañado de pimiento verde. Tiene mucho de ella: la sonrisa, los gestos, su amor por la cocina e incluso el vocabulario de la España profunda.

Belén Aguayo Aragón quería estudiar Bellas Artes, pero tenía que quedarse en Jaén, así que, en lugar de lienzos, colores y pinceles, optó por Graduado Social.

“Fueron los peores años de mi vida porque no me gustaba la carrera, pero la terminé”, confiesa.

Con su título recién conseguido decidió prepararse las oposiciones de Justicia. Le gustó el temario, estudió con ganas y en un año las aprobó, pero sin plaza.

—¿Decidió dejarlas?

—En principio no, pero mi padre tenía una empresa de reparación de maquinaria agrícola e instalación de riegos, “Agrícola Aguayo”, y me dijo: “Bájate a la empresa y me llevas la contabilidad”. Y poco a poco fui dejando las oposiciones. Belén con la gerencia y su hermano como mecánico empezaron a llevar las riendas de la empresa. La transformaron en una S. L., pero en 2004 la forma de trabajar en la agricultura cambió. Habían surgido nuevos talleres de maquinaria agrícola en los pueblos y la práctica totalidad de los agricultores había instalado el riego.

—“A esto hay que darle un giro”, pensó.

—Y se lo dio...

—Sí; éramos servicio técnico Lombardini, una marca de motores agrícolas e industriales... En aquellos años empezaba el auge de los coches sin carné y mi hermano sabía arreglar estos motores, así que pensé que lo mejor era hacernos concesionarios de alguna marca de estos coches. Me puse en contacto con varias firmas y nos quedamos con dos: Microcar y Ligier.

El boom duró unos años, personas mayores sin carné que precisaban un vehículo compraban estos modelos, pero en 2012 estos clientes eran demasiado mayores y las ventas empezaron a caer, por lo que Belén de nuevo tiene que reinventarse.

“Mi hermano se echaba a temblar cada vez que iba con una nueva idea”, afirma.

—¿Y cómo se reinventa esta vez?

—Convirtiéndonos en taller mecánico, pero no uno normal, teníamos que distinguirnos de alguna manera. Estudié el mercado y observé que todos los fabricantes de coches apostaban por el cambio automático, aunque no fueran de alta gama... Y no había nadie especializado en ello. Así que, nuevamente, miré a mi hermano y le dije: “¿Te ves capacitado para reparar cambio automático?

El nuevo nombre comercial sería “Nova Grupo Motor”. Invirtieron en útiles y en formación en Francia, Barcelona y Sevilla y se convirtieron en el único taller de reparación de cambio automático de la provincia.

—Su trabajo es de gerencia...

—Sí; pero de tantos cursos y de hablar con clientes y proveedores, cuando un cliente me cuenta los “síntomas” de su coche, a menudo acierto qué es lo que está fallando...

Además, en 2006, Belén montó con su hermana una zapatería, “Queta Aragón”, el nombre de su madre, y hasta 2012 compaginó la gestión de los dos negocios.

“Trabajaba todo el santo día, mañana y noche”.

Pero de ese antiguo amor por la pintura aún quedaban rescoldos. Hace cuatro años descubrió el grupo de pintura de la Universidad Popular y, desde entonces, cada jueves por la tarde desaparece del taller, asiste a clase con Teresa Ortega, su profesora, y se sumerge en su arte, donde gusta de utilizar técnicas mixtas: óleos, acuarelas, acrílico, ceras, pastel...

—Todo vuelve...

—Da igual lo que hagas; al final la vida te conduce por el camino de lo que tienes dentro...

Cada fin de curso realizan una exposición dedicada a un tema: Fuentes, Leyendas, Poetas y escritoras, siempre de Jaén, y este último año, “La otra mirada”, dedicada a mujeres de distintas artes de nuestra provincia.

Siempre con ganas de aprender y emprender está realizando un Máster Online en Diseño de Interiores y Hospitality con la Escuela Online en Diseño de LaBasad. Le encanta viajar por Europa y sentir que nuevos proyectos se agolpan en su cabeza: Motores, bocetos, luz, colores, perspectivas...

—¿Y si algo sustituye al cambio automático?

—Pues habrá que meter otra marcha...