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Aquellas fiestas de Peritos

Leo la noticia de que la Universidad de Jaén supera los 3.500 alumnos y, además de alegrarme inmensamente, no puedo sino retrotraerme a mis tiempos de estudiante, allá por finales de los ochenta y principios de los noventa. Cuando yo inicié la carrera de Empresariales, aún dependíamos de la Universidad de Granada, mi promoción fue la primera que pudo cursar el cuarto curso teniendo Jaén una universidad propia. Recuerdo aquellas fiestas en el patio de Peritos, donde ahora se alza el edificio de El Corte Inglés, en las que confraternizábamos los unos con las otras, pues en la ingeniería eran prácticamente todos hombres, y de donde salieron muchas parejas, incluida la mía. Es indudable la riqueza que la Universidad ha traído a nuestra provincia, que va más allá de las inversiones materiales y de la generación de riqueza cuantificable en euros, pues también ha contribuido a que muchas más personas tengan acceso a una formación superior y a que el talento jiennense se desarrolle, se visibilice y se rentabilice en nuestra tierra. Todo es criticable y susceptible de mejorar, por supuesto, pero la apuesta por la universidad pública es necesaria, más bien imprescindible, para afrontar los retos de un futuro más incierto que nunca.