Aquel septiembre de versos combinados, de estrofas enlazadas... cuando la lluvia había llegado anunciando el otoño, muy deprisa, el mes se había partido ya en dos, el verano dejaba, sin querer, el sitial de la cima de su reinado. El día había amanecido gris, opaco y oscuro. En los cristales susurraba la voz de la llovizna y pintaba de luengas lágrimas la transparencia de su figura. El frescor de la mañana dejaba sentir su aliento, un perfume de nardos mezclaba su aroma con el suave jazmín de níveas flores que deambulaba sin huellas por el aire matutino. El cielo gris plomizo, a intervalos cortos, dejaba que el azul asomara su celeste color entre las albas nubes, mientras el viento cambiaba constantemente sus formas que aparecían y desaparecían borrando en un instante sus figuras. Aquel septiembre donde el verano, casi de golpe, se desvanecía por completo, el otoño lo había hecho desaparecer, y ya no había ningún vestigio de sus pasos de fuego. La mañana caminaba intranquila, entre chaparrones y nubes cenicientas, el frescor de la nueva estación estalló entre los adoquines y las aceras, jugando con el viento las hojas amarillas, que volaban en una danza suave y, a veces, rápida, cambiando el entorno de la ciudad que paseaba a un ritmo diferente. Aquel septiembre de hace ya tres décadas, la tarde se pintaba de música, de sones de campanas, de sueños logrados y felices miradas. Aquella tarde gris, se envolvió en una luz de estrellas y luceros, se encendieron los versos, las palabras, las promesas sinceras y la rima mostraba entre los blancos nardos un nuevo poema donde el amor profundo, exponía su máximo perfume, la sinceridad, la unión y la nueva realidad se abrían camino aquella tarde dulce. A pesar de la lluvia no pudo el otoño empañar aquellos momentos tan especiales, no consiguió ni por un instante romper la alegre fiesta, su murmullo ruidoso no detuvo el compás de sensaciones que volaban y recorrían esas horas felices que vivimos, esos sueños azules... Aquel septiembre de poemas sonoros, de momentos callados, de esa unión que hoy sigue latiendo dentro, como aquel día gris, que no pudo frenar nuestros anhelos, nuestro sí, nuestro amor, ni nuestros pasos...