Aprovechar el desastre

    08 abr 2022 / 16:00 H.
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    Al drama tremendo de una guerra se le añade el shock que la derecha siempre utiliza para procurar suspender derechos y avanzar en sus posiciones ideológicas. No se nos permite pensar más allá del blanco o negro, del amigo o enemigo..., todo lo procuran simplificar y todo se intenta reducir con la inevitable propaganda. A veces es mejor dar la razón y no esforzarse con quienes con entusiasta convicción no paran de repetirnos eslóganes defendiendo con hostilidad sus tesis ante cualquier opinión que esté en desacuerdo con ellos. El que no sigue la corriente no es ya un adversario, sino que es un enemigo. Da igual las evidencias científicas que uno presente, jamás lo aceptarán, la ignorancia dogmática siempre es impermeable a la verdad.

    De las muchas falsedades que se están promoviendo y voceando estas últimas semanas en los grandes medios está la de subrayar desde la derecha española que Putin es comunista. Tampoco es tan difícil informarse sobre lo que es, lo que hace y lo que piensa Putin en Rusia. No solo no es comunista, sino que es extremadamente anticomunista y Rusia es hoy en día unos de los países europeos con un capitalismo desenfrenado. Tampoco es tan difícil conocer que la Unión Soviética dejó de existir hace ya más de treinta años. Uno no sabe si opinar o debatir con personas para las cuales la historia se detuvo en el año 1991 cuando colapsó el sistema soviético, es increíble que para muchísimas personas este hecho histórico parece no haber sucedido nunca. Ya no es que se trate de ignorancia o de mentira, se trata de un dogmatismo que impide cualquier tipo de conversación o debate.

    El último presidente del Gobierno comunista de la Unión Soviética, Gorbachov, intentó una apertura a nivel político y económico de aquel régimen por la vía social democrática, pero no era lo deseado por Europa, por Estados Unidos y por una oligarquía rusa que ya se había repartido el pastel de los medios de producción rusos y que deseaba formalizar esa propiedad a través de las privatizaciones. Y fueron Yeltsin y su mano derecha, Putin, los que llevaron a cabo estos cambios con la inestimable ayuda de Estados Unidos y de economistas como Jeffrey Sachs. Este último es también conocido por asesorar a varios gobiernos de derechas en Latinoamérica. Por cierto, este señor era uno de los economistas de cabecera del expresidente Zapatero. Es curioso lo poco que se habla en nuestro país sobre las causas de uno de los mayores colapsos ocurridos en un sistema económico, el soviético, debido a las medidas propuestas por estos expertos económicos en macroeconomía para desarrollar la economía rusa. Aquel cambio hacia capitalismo llegó con la victoria de Yeltsin que acogió como asesores del gobierno a estos expertos que aplicaron la famosa terapia del shock. La receta de Sachs fue la privatización masiva, 200 000 empresas públicas se privatizaron en 500 días y, por supuesto, desregular todos los precios que hasta entonces regulaba el Estado. Lo que vino después no puede definirse de otra manera más que de desastre humano.

    Vocear que Putin es comunista es absurdo. No solo es anticomunista, sino que es de una ultraderecha de un nacionalismo imperialista muy marcado, unido a su cristianismo ortodoxo ruso tremendamente reaccionario y profundamente anticomunista. Un dictador, Iglesia y oligarcas. ¿Les suena de algo en nuestra historia reciente? Queramos verlo o no, Putin ha perseguido, reprimido y encarcelado a dirigentes del Partido Comunista Ruso, y siendo la mano derecha de Yeltsin impuso un modelo de capitalismo salvaje en su país y llevó a cabo las reformas más radicales de la propiedad del sistema económico soviético privatizando la mayoría de los medios de producción y distribución. Las consecuencias de todo ello han llegado a calificarse de “genocidio económico”. De un desempleo inexistente se pasó a un promedio del 30%. La pobreza pasó de un 2% en 1987 a un 40% en 1995. La esperanza de vida descendió en tan solo tres años de los 64 a los 57. El bienestar del pueblo ruso bajó en un periodo tan corto en unas proporciones no conocidas.

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