Anti fragilidad
Desde que nacemos, aprendemos a vivir. Lo confirma el refranero: “La experiencia es madre de la ciencia”. A veces, ahorramos a nuestros hijos tensiones, dolores y angustias, olvidando las penosas consecuencias: “Padres hacendosos hacen hijos perezosos” o “a mocedad ociosa, vejez trabajosa”. Es decir, no sabrán o no querrán enfrentarse a la dura vida. La profesora de Psicología y Neurociencia Tracy Dennis-Tiwary formula este peligro en su Principio de Antifragilidad: “Los sistemas sólo funcionan de forma óptima cuando se estimulan; necesitan una exposición obligatoria para ser funcionales”. Como una vacuna enseña a nuestro sistema inmune a defenderse; así, la ansiedad, el estrés y el miedo son emociones necesarias; nos aportan recursos y herramientas para nuestro crecimiento personal; nos ayudan a imaginar situaciones críticas y a buscarles solución: la ansiedad va unida a la esperanza y te hace luchar y crecer, aunque te sientas mal. Dejemos, pues, que nuestros hijos aprendan los esfuerzos y trabajos que exige la vida.