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CAMBIAMOS DE PIEL, NO DE ESENCIA

Algo de ritmo

Te quiero, le dije, siendo sincero. No imaginaba yo que alguien manejaba mis intenciones que a mí me parecían tan nobles, pero el tiempo me descubrió una devastadora realidad. Resultó ser que de tanto colgarme del telefonillo, el mismo telefonillo aprendió mis maneras y mis quereres hasta tal punto que sabía de mí lo que no está escrito, mientras yo del puñetero móvil no tenía ni puñetera idea. Me espiaba el muy c... y luego se lo contaba todo a los grandes almacenes, a los bancos, a los partidos políticos y todo quisque que se lo pidiera. Infeliz de mí y creyendo vivir una vida superior me lancé al amor buscando al tun tun sin saber lo que buscaba. Y lo encontré, mejor dicho, la encontré. Inteligente, guapa, sencilla... en fin de todo. La ilusión se me vino arriba y empecé a hacer mis cábalas para conseguirla de una vez por todas. En estas estaba cuando se presentó un amigo experto en móviles y me contó la insana y terrible verdad: no existía. Todo era fruto de mi imaginación ayudada por un tal GPT que sabía de antemano mis intenciones en base a sus análisis diarios o permanentes. Me dijo que hay un tal algoritmo que nos menda en la vida a los caminos que él cree más beneficiosos para nosotros. Bendita ilusión la mía y pedazo de c... el tal algoritmo que me tuvo años repartiendo te quieros sinceros por esos mundos de Dios. Con algo de ritmo he bailado por las redes del amor más de una vez.