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Alemania avisa

Sí, es para preocuparse. Pero quizá no por la razón más evidente. Que AfD haya obtenido el 43,8% en Sajonia-Anhalt, duplicando su resultado de 2021, no significa que Alemania se haya vuelto súbitamente fascista. Significa algo más inquietante: una parte creciente de la sociedad ha dejado de considerar intolerables ciertas respuestas autoritarias. La democracia no muere necesariamente cuando alguien asalta el Parlamento; puede erosionarse cuando millones de ciudadanos concluyen que ya no les sirve. Ahí está el verdadero problema. Inflación, inseguridad económica, inmigración, guerra, pérdida de expectativas y desconfianza hacia unas élites políticas percibidas como distantes forman un malestar real. La ultraderecha no lo inventa: lo recoge, lo simplifica y le proporciona culpables. Y mientras los partidos democráticos se limitan a escandalizarse o a levantar “cordones sanitarios”, dejan intactas las causas que alimentan el fenómeno. Europa debería recordar algo que conoce demasiado bien: la democracia no se defiende sólo prohibiendo a sus enemigos, sino evitando que demasiada gente llegue a pensar que ya no merece la pena defenderla. Ese es el aviso de Sajonia-Anhalt.