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Adiós a un lector

Hace poco lo vi por la calle y nos paramos a charlar. Era un año menor que yo, y nos conocíamos desde la época de la Universidad, habiendo coincidido en los últimos años por nuestra labor docente en centros educativos distintos. Era de trato afable. Recuerdo que me dijo que leía todos mis artículos y que estaba siempre de acuerdo con lo que yo expresaba en ellos. Me alegró ese detalle. Hablaba de manera pausada. No era un amigo en el más estricto sentido de la palabra, sino más bien un conocido con el que te ha cruzado la vida en diversos momentos. Recuerdo que hace muy poco, en verano, estuvimos hablando y me comentó algo sobre su jubilación. Pero la vida a veces no es como la planeamos, sino como llega, y ese plan no ha podido llegar a verlo porque la muerte se cruzó en su camino hace unos días. No lo lloré porque, repito, no era mi amigo, pero sí me impresionó y estuve dando vueltas a la cabeza sobre la fragilidad y fugacidad de nuestra existencia y sobre las cada vez más frecuentes muertes de familiares, amigos y conocidos inherentes a la edad que el DNI dice que tengo. Desde hace unos días Mi callejón o Firmas enfrentadas han perdido un lector y, lo que es peor, sus amigos y familia, han perdido creo que a una buena persona. Ojalá desde algún lugar hoy pueda leer estas líneas y estar, como siempre, de acuerdo con ellas. DEP.