Powered by
HACEMOS GLOBAL LO LOCAL

Actuar ante las olas de calor

Las olas de calor siguen causando decenas de miles de fallecimientos en Europa y especialmente en España. La gran mayoría de estas muertes afectaron a personas mayores de 75 años y aunque el ministerio de sanidad ha respondido ya con un plan frente al calor, las administraciones están respondiendo de manera desigual y a veces de manera insuficiente ante este grave problema de salud pública. HelpAge International España ha presentado una guía sobre “Olas de calor y personas mayores. Guía práctica para Administraciones y Centros Residenciales”, que ofrece herramientas concretas para proteger a las personas mayores ante los episodios de calor extremo que se prevén cada vez más frecuentes e intensos. España se encuentra en una situación especialmente vulnerable ya que, a la subida de las temperaturas, se une la elevada población mayor y la excesiva exposición al calor extremo en los entornos urbanos, lo que agravan de forma significativa los riesgos asociados a estos episodios. Como nos apunta esta guía, el calor extremo no afecta a todas las personas por igual. Las personas mayores, especialmente quienes viven solas, tienen enfermedades crónicas, están polimedicadas o residen en viviendas mal adaptadas, pueden encontrarse en una situación de especial riesgo de crisis y muerte. Por eso es cada vez más urgente que desde los ayuntamientos se pase a la acción preventiva: identificar, contactar, acompañar y proteger antes, durante y después de cada episodio de calor. La ola de calor de 2023 causó alrededor de 70.000 muertes en Europa y marcó un punto de inflexión en el desarrollo de planes de prevención. Este año parece que en rincones como Andalucía vamos por el mismo camino y se adolece aún de una planificación estratégica para abordar este asunto. Sería recomendable implantar planes de acción frente al calor, no respuestas improvisadas y puntuales. Esta planificación debería ir transformando las capitales andaluzas en ciudades sombreadas y con una buena red de refugios climático, con una coordinada acción comunitaria, para evitar aislamientos. La recomendación más repetida por la OMS es que todos los países, regiones y ciudades dispongan de planes de acción calor-salud. Estos planes deben coordinar sanidad, servicios sociales, protección civil, meteorología, urbanismo, transporte, educación, vivienda y entidades comunitarias. Ante las municipales sería conveniente que los ayuntamientos andaluces, especialmente los de las capitales, ofrecieran renaturalizar las ciudades con más árboles, sombras y agua para reducir el efecto islas de calor. Junto a ello sería deseable planes de rehabilitación climática de viviendas y comunicar mejor el riesgo a todas las personas, especialmente los grupos más vulnerables, ya que casi nadie percibe el calor como un riesgo mortal. La prevención de muertes por calor exige pasar de la reacción a la anticipación. Una ciudad preparada para el cambio climático no es solo una ciudad con más árboles, es además una ciudad que cuida, protege y no abandona a quienes están en mayor riesgo. Las olas de calor son una prueba de estrés para la justicia urbana. Allí donde hay más desigualdad, peor vivienda, menos sombra y más soledad, el calor mata más. La respuesta debe ser climática, sanitaria, y social. Andalucía es el sensor más claro de esta necesidad, y estos desafíos debieran de incluirse en la agenda de la política andaluza, ahora que estamos al inicio de un nuevo mandato.