Ha sido Ávila y el norte de Madrid, Portugal o Francia. Mañana puede ser cualquiera de las sierras de Jaén. La Unión Europea legisla sobre los tapones de las botellas y se olvida del origen de los incendios en todo el Mediterráneo. No se premia el sistema de vida de las tierras altas ni se valora el pastoreo. Incluso en la provincia se ha llegado a multar agricultores por actuaciones tradicionales y se ha perjudicado a los habitantes próximos a los Parques Naturales. Ellos son los más interesados en que las tierras boscosas no sean un museo sino un territorio integrado, lleno de vida. Ya no basta con dejar que la gente vuelva románticamente a los pueblos deshabitados. Hay que promocionar la vuelta, incluso a nivel institucional. Hay que ofrecer grandes ventajas fiscales para las personas de los códigos postales de las tragedias, por lustros. Quizá pagar la mitad de impuestos, dejar exentos o simbólicos los IBUS de la España despoblada y luego los de toda la España rural. Llevar la potencia eléctrica y las antenas de redes a estos lugares olvidados, maltratados y digamos ya sin remedio: “en el corredor de la muerte”.