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CAMBIAMOS DE PIEL, NO DE ESENCIA

A-V-E, César

Estoy para que me dé un torozón al descubrir que en esta tierra nuestra hay tantísimos cerebros pensantes cargados de razones como estorbos para acarrearlos a donde haga falta para que se nos escuche. Lo digo porque poco a poco voy descubriendo que lo del AVE a Jaén se está convirtiendo en un laberinto para faunos, con toda la carga mítica que ello acarrea. O por mejor aquilatar, quizá simbolice un nudo metafísico, semejante al gordiano aquel, que cuando se puso cansino el poder deshacerlo llegó un mozuelo, Alejandro Magno por más señas, y lo cortó de un tajo antes de que cualquier borreguero hecho al pastoreo de rebaños le distrajera a la tropa con la cantinela de “son churras/ son merinas”. Viene esto a cuento de que me entero de algo que me deja sin palabras (cosa difícil por cierto para una irredenta buscadora de palabras). Me refiero a que lo del trazado del AVE se ha convertido en bandera de banderías sigleras, sin más razón de ser que llevarse la contraria entre ellas y ponernos mal cuerpo al personal de a pie (nunca mejor dicho). Los Hunos —que diría mi deslumbrante David Uclés— que si el AVE hay que echarlo por Despeñaperros como toda la vida de Dios; los Hotros que si lo suyo es lo del baipás por Montoro, como dejó dicho mi DonMinistro en su fugaz paso por estas tierras, merecedor de cánticos espirituales con mayor fundamento que el de conformarnos con las sobras del puchero: Mil gracias derramando/ pasó por estos sotos con presura/ y yéndolos mirando/ con sola su figura/ vestidos los dejó de hermosura.

Luego están los que saben de verdad de lo que hablan y, además, tienen sus propios porqués, como, un decir, DonAntonioMartínMesa o DonJoséCalabrús, que están por lo del “tanto monta monta tanto”: que lo suyo es que el AVE venga por donde tenga que venir, pero que venga, como debió pensar DoñaIsabel LaCatólica al tiempo de optar justamente por el nudo gordiano que antes refería, pero con el nudo suelto, para el roal izquierdo de su escudo conyugal. Y digo yo que a ver si nos dejamos de siglas y acrónimos y estamos a lo que estamos. Y a lo que estamos es A-Ver-Esto: que, si nos quedamos sobre la espuma del acrónimo de lo del AVE a Jaén, a los del Jaén nos dejan en la cuneta de esta España tan querida —Cecilia q.e.d. dixit— como poco nuestra. AVE significa Alta-Velocidad-Española. Lo cual que aplicado a lo de los trenes que llegan y salen de Jaén, ni la velocidad es alta, ni parece que vayamos a engancharnos a la locomotora española por voluntad de mi DonMinistro, que me está ninguneando de una manera que yo no me merezco. Y no me lleve usted la contraria en lo del ninguneo porque, además de ser muy insano según los neurocientíficos eso de convertirse en un contrariador sistémico, lo de negar lo evidente para poder llevar razón está muy feo. Claro que, aunque me escuece, en el fondo, yo lo comprendo. Por muy respondón que sea, no va usted a gastar su escaso tiempo de juventud plenipotenciaria en responderle a una anciana a punto de cumplir uno más de descuento, por muy de Bedmar que proceda. ¡Bedmar! Pueblo que tantísimos talentos ha regalado al mundo antes, ahora y siempre. No señor. No me disperso. Lo de Bedmar viene a cuento de que allí mismico nació uno de los nuestros, insigne en el sentido literal de la palabra, y excelentísimo en el tratamiento y honores más que merecidos. Hablo de don Francisco Reyes, más conocido por voluntad propia y arrimo a los suyos como PacoReyes a secas, y presidente de la Diputación de Jaén durante tres lustros en los que Jaén casi ha merecido ser lo que es por cuenta propia sin haber merecido ser lo que se merece por derecho propio. Sabrá usted que en las últimas elecciones se nos ha ido al Parlamento Andaluz con el corazón doblemente roto, de cansancio por la trabajera que ha desarrollado y de desaliento por tener que dejar Jaén sin un AVE que lo traiga y lo lleve “desde su corazón a nuestras cosas”. Ya lo sé, Sevilla está ahí mismo. Pero es tan lejana con lo nuestro como usted. ¿O no?