Te vi una noche cuando el atardecer había dejado sus luces envolverse en el cielo y el negro empezaba a reinar sobre el firmamento callado. Yo contemplaba el susurro, el canto pasajero de los días y miraba allí donde los sueños vuelan y se pierden en un mar de esperanza. Te vi sin que apenas notaras mi mirada, sin que supieras que estaba, sin que tu luz me viera. Mas el latido azul pálido brillante de tu resplandor de argentados destellos, se colaba en mis pupilas como una fuente de límpidas aguas, que se batían estremecidas por la corriente de sus notas de rimas infinitas. Yo te miraba y dejaba que tu canción callada se derritiera en mis versos, sabía que te gustaría que ese día te escribiera un poema. Un sueño que nacía para dejar que en mi rima apareciera clara, tu sonrisa de azúcar. Aquella noche de finales de junio sentía al verte, como una nueva idea surgía en mí, un nuevo poema nacía en la noche callada. Era tan refulgente la luna que en el cielo se veían nubes que parecían dormitar sobre él, sin moverse, serenas, silenciosas... La madrugada recorría los pasos y dejaba que el tic-tac siguiera su camino, mientras tú, continuabas iluminando aquel momento dulce y tranquilo. Y yo dejaba que tu pequeña luz siguiera deleitándome con sus notas de nieve. En el silencio desatado y pacífico podía imaginar tu voz y el latir de tus sueños. Qué estrofa podía escoger para poder hablar de ti y no dejarme atar en un poema sin alas. Cuál sería la rima, el verso, el camino de notas musicales que debía elegir, o mejor, dejar que fueras tú quién escogiera, que me llevaras de la mano hacia el encuentro con palabras y frases. Adornadas de ese sentir que deja que el azul se cuele entre las notas y pueda abrir nuevas formas en la escritura poética, de quién pretende hablar de algo bello, en este caso, de ti, dulce estrella, que hoy has llamado la atención de mis ojos, y has podido dejar que pueda ser tú, quién ocupe mis sueños. En esta noche azul de tules de versos y de suaves latidos, déjame que te cante este poema alado, que, sin más pretensiones, se ha dejado llevar por el titilante albo e la luz que hay en ti. A esa estrella que un día despertó mi silencio.