Te conozco de siempre, y, sin embargo, cada vez que me encuentro contigo, es como si acabara de hallarte por vez primera. En el jardín siempre esbelta nos miras, y buscas sorprendernos con la altiva figura que te caracteriza. Ahí estás como una princesa con su corte de damas, surgiendo de la tierra donde la vida ha venido a traerte. Reinas en el jardín y eres de junio su máxima representante, con tu gama de colores pintas sobre el verde un abanico que bate en el aire un vals donde percibir tu nombre. Un poema de pétalos suaves declamado, donde la rima es como la danza de una celesta. O la aurora que riega con el rocío posándose suavemente sobre tu tez que con él ha despertado. O cuando el atardecer deja que el sol abandone tu imagen bella y sorprendente. O cuando Selene en su máximo plenilunio acaricia delicadamente tu corola de sensaciones. Con la luz argentada y brillante riega sobre ti una lluvia de estrellas. Eres lábil y sensible, tierna, sutil... y a la vez, puedes herir a quién pretenda separarte y alejarte de ese pequeño espacio donde habitas. Como una paradoja que enfrenta lo delicado con lo fuerte, la poesía de tu ser con la prosa de tu defensa, o la solidez de tu tallo con la fragilidad de tus pétalos. Guardas en tu perfume un hálito de aromas celestiales, de tonos que se escapan allí donde la imaginación llega a lugares remotos. Junio te acoge como la flor que lo caracteriza, porque ahora estás presente en casi todos los jardines, allí donde los pasos nos conduzcan, sentiremos tu aroma volar y entregarse al céfiro que pasa, y deja que podamos deleitarnos, de nuevo, con el dulzor que emanan esas formas concéntricas donde se esconde el néctar de tu nombre. Ahora vuelvo a soñar contigo en ese espacio donde mi infancia me llevó a ti un día, donde sentí el dulce suspirar de tu sonrisa y pude encontrar tu mundo de metáforas y aprendí a sentir que lo bello esconde siempre una sorpresa. A la flor de junio que un día despertó cuando aquella tormenta nos dejaba sin pasos. Y allí en el jardín brillaba sonriente, mientras los días volaban prisioneros. A la flor que pinta los jardines de alegre colorido. Esa que deja al corazón soñando entre latidos.