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martes, 23 julio 2019
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Juan Espejo González

A Ana la vida le dio mucho trabajo

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Beban y coman, que la vida son tres días y como dos de ellos estamos enfurruñados, vaya usted a saber si por la hipoteca, el jefe o las cosas del amor, no hay otra que esparcirse en ese día de disfrute que nos queda con algo en la mano y el codo bien reposado. Andalucía no sería la misma sin la cultura de la barra, Jaén es afamada por sus tapas en pueblos y ciudades, igual da que da igual el rincón al que vayamos, la sabrosía se nos caerá por la comisura de los labios. El de hoy es un cántico a algo que fue, pero especialmente a unas primorosas manos, un corazón grandioso y a una mujer de bandera, de las muchas mujeres anónimas que hicieron y hacen grande el nombre de Jaén y, muy especialmente, son ejemplo de pundonor y sacrificio, inteligencia y resistencia, la vida la disfrutamos como ahora la gozamos por la resistencia y la resiliencia de gente como Ana Domínguez Expósito. No estará en los libros de los grandes próceres del Santo Reino, pero Ana “de las Perolas”, se merece un monumento. Porque sus ojos brillaron siempre igual de alegres, aunque tuviera que hacer de tripas corazón cuando la vida le arrebató a su compañero de viaje tantos años ha y, claro, por ello, como sus ovarios, pocos... Para salir adelante en la sociedad del patriarcado, los dimes y los diretes, hay que echarle fe, fervor y mucha determinante devoción en sacar adelante sola a tus hijos. Ana es grande en lo pequeño, que lo hace superlativo; Ana es única esparciendo felicidad y buen rollo, no hay mejor medicina de vida; Ana, que ahora se dedica felicísima a sus amigas, los viajes para disfrutar de su familia y la pintura naíf, tiene un lugar en el corazón de muchísima gente, a los que nos ganó por ser como es, de una llanura inmensamente poderosa, y también porque nos dio ricas viandas en su bar de Andújar. ¡Pero ricas! Si la dieta del Quijote estaba basada en “olla, salpicón, lentejas, duelos y quebrantos los sábados y palomino los domingos”, con Ana descubrimos el verdadero sabor de los andrajos, el cuarrécano, los cardos esparragaos, el cocido de coles o de berenjenas y la cazuela de verduras... Acabemos con los adjetivos, si cocina antigua o moderna, lo suyo es cocina sabia y sabrosa, igual que su vida, iluminada por sus ojos.