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“Me duele España”. Esta famosa afirmación de Miguel de Unamuno ya cuenta con más de 100 años. Quedó plasmada por escrito entre 1923 y 1924 tras ser destituido de sus cargos universitarios en una de sus cartas: “¡Me ahogo, me ahogo, me ahogo en este albañal y me duele España en el cogollo del corazón!”. Su intención era expresar el profundo dolor que sentía por la decadencia política, social y cultural de la España de su época. Desgraciadamente, un siglo después, a muchos nos sigue doliendo España en lo más hondo de nuestro ser (¡Fuerza Ceuta!) ante el bochornoso espectáculo que ofrecen los dirigentes del país.

El dolor íntimo, “en el cogollo del corazón”, lo sentimos cuando se tambalea alguno de los pilares de nuestra vida: la familia, la enfermedad, las relaciones. Pero, frente a cuestiones tan serias, también podemos sufrir por cosas que, quizás, no son tan trascendentales. El exfutbolista Jorge Valdano ha popularizado la afirmación “el fútbol es lo más importante de las cosas menos importantes”: un fenómeno capaz de movilizar grandes masas y de generar pasiones sin dejar de ser, en el fondo, un juego. Hoy hablamos mucho de polarización política, y aquí nos encontramos ante otro tipo de polarización: los que sufrimos, disfrutamos y llevamos en lo hondo del corazón a nuestro equipo frente a los que no lo entienden (“pero si sólo es un juego, once tíos detrás de un balón”), y no hay posibilidad de entendimiento. Esto es como la fe o el amor, o se siente o no se siente. Cuando nuestro equipo triunfa, nuestro carácter mejora, todo lo vemos de color de rosa; cuando nuestro equipo pierde o fracasa, se nos agría el carácter, nos volvemos huraños, reconcentrados (pregunten a mi esposa).

El diccionario de la Real Academia define la palabra “grupo” como “Pluralidad de seres o cosas que forman un conjunto, material o mentalmente considerado”. Se trata de una definición fría aplicable a múltiples aspectos. Veamos ahora la explicación de “cofradía”: “Congregación o hermandad que forman algunos devotos, con autorización competente, para ejercitarse en obras de piedad”. Ambas coinciden en el conjunto de personas unidas para lograr un fin, pero la segunda incluye una palabra clave: “devotos”, es decir, personas fervorosas que sienten el mismo afecto, especialmente de índole religiosa. ¿Y qué es un equipo de fútbol sino una fe, una creencia, un levantarse ante los contratiempos, un emocionarse con los triunfos, un estar siempre ahí, un sentimiento compartido? Y para colmo, esta temporada nuestro Real Jaén incluye en la parte trasera de la segunda equipación (morada y preciosa) la frase “Amadle con todo el corazón”, homenaje a Nuestro Padre Jesús Nazareno. Un tributo a las raíces de nuestra ciudad que une espiritualidad jiennense y respeto por los símbolos. Una invitación a la entrega plena y sincera. Una fusión del orgullo por nuestra historia y tradiciones con el sentimiento deportivo de la afición. La unión de los colores blanco y morado de nuestro equipo y los preciosos brocados que presenta la túnica que El Abuelo viste en su Camarín.

Somos una cofradía de 6.700 devotos, socios respetuosos con nuestras tradiciones. Porque los símbolos son importantes y nos duele el Real Jaén.