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45 grados a la sombra

19 ago 2021 / 18:06 H.
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Durante el Puente de la Virgen de Agosto he paseado por Jaén. Bueno, “pasear” es un eufemismo, más bien he penado por las calles de mi ciudad. Vacías, inhóspitas, locales cerrados ... y como telón de fondo informativo, aparte de las alertas meteorológicas, el abusivo precio de la luz, la vuelta de los talibanes al poder y los incendios e inundaciones. Pocas veces he notado esta coincidencia entre las preocupaciones colectivas y la sensación física individual, como en estos tórridos días. Quizás el calor trastoca las neuronas. La mayoría de las malas noticias con las que nos golpean insistentemente, giran alrededor de las consecuencias que sobre el Planeta y nuestra supervivencia como especie, tiene el calentamiento producido por la emisión de gases con efecto invernadero. Es una evidencia ya incontestable que el equilibrio de la naturaleza está cambiando aceleradamente debido a las acciones humanas, incluso los geólogos ya han bautizado a esta nueva era geológica como el Antropoceno. Todo indica que la fe en el progreso indefinido de la humanidad gracias a la tecnología, la industria y la ciencia, están siendo sustituidos por un pesimismo basado en que nuestro modelo de producción y consumo dan daños ya irreversibles y han agotado parte de nuestros recursos naturales; el reciente informe de la ONU sobre el cambio climático así lo indica de forma inequívoca y señala que a pesar de las medidas que pueden y deben de tomarse, el año 2050 es una frontera en rojo por la subida de la temperatura media del Planeta en un grado y medio. Tanto el informe en sí, como los plazos que señala, nos interpela directamente sobre el mundo que queremos dejar a nuestros hijos y nietos. Esto no va de ecologistas, va de vida. La esperanza es que ya hay empresas y científicos obteniendo y patentando ingenios tecnológicos para capturar dióxido de carbono y eliminar metano. He leído propuestas para reducir determinados consumos y sé que hay grandes planes en marcha para ir sustituyendo los combustibles fósiles por energías sostenibles y naturales. También hay una realidad ya cierta para el coche eléctrico. Rezo para que todas estas grandes iniciativas se vayan concretando a la mayor rapidez. Pero he comenzado el artículo sobre mis paseos por Jaén bajo un calor inmisericorde. He constatado que hay pocos contenedores de basura en las calles y desde luego casi nada para el reciclaje selectivo de vidrio, cartón y escasa información sobre puntos limpios para depositar determinados objetos. Es una asignatura pendiente para nuestra ciudad, y el fallo está además de en nuestros hogares (porque la ciudadanía aún no se comporta), en la infraestructura municipal, que se queda corta para nuestras necesidades. Está demostrado que la sombra de los árboles rebaja de seis a nueve grados la temperatura sobre un mismo lugar sin ellos; tenemos algunos parques adecuados (Bulevar, Alameda, La Concordia, El Seminario...), pero nuestras calles salvo excepciones carecen de arbolado, por lo que sería bueno una plantación masiva para que al mismo tiempo de rebajar la temperatura, hagan de sumidero de gases de efecto invernadero. Tenemos que abandonar como ciudad ese tradicional afán jaenero de arriates, embaldosado y manga; atemperar esas podas excesivas y dejar que los árboles luzcan frondosos, acogedores y suficientes para regalarnos a nosotros mismos una ciudad verde, limpia y fresca. Con la atención total al reciclaje y al incremento de la vegetación urbana, Jaén daría un gran paso hacia la sostenibilidad.

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