Tal día como hoy en 2004 publicábamos: Duerme en un coche para salvar su rebaño en Jódar
Un pastor galduriense pasó semanas vigilando a sus ovejas desde un Land Rover tras una oleada de ataques de perros vagabundos
Tal y como publicó este periódico hace veintidós años, el 9 de enero de 2004, Luis Ruiz de la Torre, pastor de Jódar de 55 años, llevaba cerca de dos meses durmiendo en un Land Rover abandonado para proteger a su rebaño de los continuos ataques de perros vagabundos.
La situación había llegado a un límite extremo. Los ataques nocturnos habían provocado la muerte de más de veinte ovejas en pocas semanas, además de varios animales heridos y otros desaparecidos. El corral, situado en el paraje Venta La Gloria, cerca de la avenida José Gallego Montiel, se transformó en una improvisada “garita” de vigilancia desde la que el pastor intentaba ahuyentar a los perros que merodeaban por la zona.
Según relataba entonces su yerno, Pedro Núñez, los canes actuaban principalmente por la noche, llevándose a las ovejas, cuyos cadáveres aparecían después en distintos puntos cercanos. El primer ataque supuso la pérdida de ocho animales, lo que llevó a Luis Ruiz a tomar la decisión de pasar las noches en el vehículo dentro del corral.
La familia presentó denuncias ante la Guardia Civil y el Ayuntamiento de Jódar, pero los ataques continuaron. El episodio más grave ocurrió el 3 de enero de 2004, cuando el pastor decidió regresar a su casa para resguardarse del frío. “Los perros aprovecharon ese descuido y mataron doce ovejas, hirieron a otras seis y hay diez más que no encontramos”, explicaba entonces. Aun así, aseguraba estar dispuesto a seguir vigilando el rebaño: “Estaré aquí el tiempo que sea necesario, porque no estoy dispuesto a perder más dinero”. Cada oveja estaba valorada en unos 72 euros, lo que suponía un duro golpe económico para la familia.
El temor no se limitaba solo al ganado. Otro de los yernos, Manuel Ruiz Cuevas, advertía del riesgo para la población, ya que se trataba de una zona muy transitada por vecinos que la utilizaban para pasear. “Nosotros nos tememos que algún día se produzca un ataque de estos perros contra las personas. Sería una tragedia”, alertaba.
Ante esta situación, la familia reclamó al Ayuntamiento de Jódar medidas urgentes para controlar el tránsito de perros vagabundos. El Consistorio anunció entonces la emisión de un bando municipal para sancionar a los propietarios de perros sueltos y la búsqueda de soluciones para el problema de los animales abandonados.
La historia tenía además un último capítulo marcado por la normativa sanitaria. Las ovejas muertas no pudieron ser enterradas, ya que la legislación obligaba a entregarlas a empresas especializadas para su recogida y destrucción, una medida implantada tras la crisis de las vacas locas. A la espera de esa recogida, los cadáveres permanecían sin sepultar en el corral.