Tal día como hoy en 2000 publicábamos: ¿Bailén sin ladrillos?

El sector del ladrillo y la cerámica sostenía entonces más de un tercio del empleo local y situaba al municipio como referente industrial en Andalucía

03 ene 2026 / 18:42 H.
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Tal y como publicó este periódico hace veintiséis años, el 3 de enero de 2000, Bailén miraba de frente a su principal motor económico: la industria del ladrillo y la cerámica. Un estudio de la Unidad de Promoción y Empleo del municipio advertía entonces de que, sin este sector, más del 35% de la población activa bailenense se quedaría sin trabajo, una cifra que alcanzaría el 50% si se incluía también la cerámica artística. El impacto era aún mayor si se tenía en cuenta el empleo indirecto, especialmente en el transporte.

El municipio contaba con una de las flotas de camiones más importantes de la provincia, hasta el punto de situarse entre los primeros puestos en la relación de habitantes por vehículo. Cada día, entre 200 y 300 camiones cargados de ladrillos salían de Bailén, más de la mitad pertenecientes a empresas locales, lo que reflejaba el intenso ritmo de actividad industrial.

El peso del sector trascendía el ámbito local. Los estudios situaban en torno al 50% la cuota de mercado andaluz de los materiales de construcción producidos en Bailén, incluyendo ladrillos interiores y exteriores, bovedillas, rasillones y tejas. Su área de influencia se extendía por toda Andalucía, Ceuta y Melilla, parte de Castilla-La Mancha y Murcia, y en productos de mayor calidad alcanzaba mercados nacionales e internacionales como Estados Unidos, Japón, Israel o Portugal.

El año 1999 fue calificado como excelente para la industria bailenense del ladrillo, coincidiendo con un periodo de bonanza económica, bajos tipos de interés y un fuerte impulso de la construcción. La facilidad para acceder a hipotecas, el crecimiento del empleo y la llegada del euro favorecieron una demanda intensa de viviendas y materiales, llevando a muchas fábricas a trabajar a pleno rendimiento durante los meses de verano.

El sector presentaba, no obstante, una doble realidad. Aproximadamente el 65% de las industrias contaban con métodos de producción poco automatizados, lo que las hacía más vulnerables en épocas de crisis, mientras que el 35% restante, altamente automatizado, concentraba alrededor del 75% de la producción total. Aun así, los empresarios defendían que el precio del ladrillo apenas representaba entre un 4% y un 5% del coste final de una vivienda y rechazaban ser los responsables del encarecimiento del mercado inmobiliario.

Con la perspectiva del cambio de siglo, los empresarios del sector destacaban la necesidad de reinvertir, modernizarse y resistir los ciclos económicos, convencidos de que la madurez industrial sería la clave para asegurar el futuro de Bailén y de un modelo productivo que, entonces, parecía inseparable de la identidad y la economía de la ciudad.

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