Patricia Castellano suscita emociones con el Pregón de Semana Santa de Villargordo

La protagonista inició con doce años su trayectoria junto a la Virgen de los Dolores

22 mar 2026 / 13:19 H.
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Puro sentimiento, devoción y amor por Cristo y su madre María. A las puertas del inicio de una de las épocas más esperadas del año por los fieles, el Salón de Actos “Juan Antonio Expósito Aznar” del Ayuntamiento de Villatorres acogió la celebración del trigésimo tercer Pregón de Semana de Villargordo. En esta ocasión, la responsabilidad de la ardua tarea fue asumida por la pregonera Patricia Castellano Porras, quien hizo un emotivo recorrido por su vida y la unión al fuerte sentimiento religioso. Además, estuvo acompañada por sus amigos y familiares, como su marido Salvador Bermúdez, quien se encargó de realizar la presentación, al igual que las autoridades locales. En su intervención, Castellano Porras expresó su cariño al municipio que le vio crecer: “No os podéis hacer una idea de cuánto significa mi pueblo para mí y el lugar que ocupa en mi corazón, porque, aunque de lunes a viernes, mientras mi padre trabajaba vivíamos en Jaén, ciudad que también es muy grande para mí. Sin embargo, los fines de semana, festivos, Semana Santa y veranos los he pasado aquí, viviendo y creciendo como una más del pueblo”.

Y es que fue el lugar en el que comenzó, por su propia cuenta, a sentir la devoción en el Señor: “Sin darme cuenta, comencé a creer en mi vida espiritual de la mano de Cristo, el amigo que nunca falla, y también bajo el manto protector de Nuestra Señora de la Asunción, siendo el bendito templo parroquial que lleva su nombre piedra viva y testigo de todos esos recuerdos”. Además, Castellano Porras contó la forma en la que se hizo cofrade de la Hermandad de la Virgen de los Dolores. Comenzó en 1992, a sus 12 años, cuando jugaba por las calles con sus amigas: “Recuerdo a una señora alta y con un porte muy elegante. Era Rosa Antonia Delgado, la cual estoy segura de que ocupará un buen lugar en el Cielo. Nos preguntó si queríamos hacernos hermanas de la Virgen de los Dolores, y yo no sabía qué significaba serlo, pero le dijimos que sí”.

Desde entonces, la pregonera comenzó a adentrarse en los diferentes actos litúrgicos y participar el ámbito cofrade municipal. Ahora, al igual que la mayoría de los cristianos, Castellano vive la Semana Santa como la fecha más importante, “con mucha profundidad e implicación” aseguró. Al mismo tiempo, expresó su “orgullo y honor” por tener la oportunidad de aceptar “una responsabilidad grandísima”, como es el pregón que inicia la cuenta atrás para la tan esperada celebración de la semana grande. No obstante, la cita estuvo cargada de miradas al pasado, y recordó que fue Villargordo el municipio en el que participó en el cuidado de los actos religiosos y los trabajos que, en ocasiones, nadie presta atención, pero son esenciales, como pasar la canastilla o limpiar y fregar la iglesia. Una devoción que proyectó en el arte y la enseñanza mediante su presencia en el coro y el acompañamiento a un grupo de niños como catequista en la preparación. En otro orden de cosas, la pregonera valoró el buen sentir en la época del “recomenzar de las cofradías, el lanzamiento de las imágenes y los penitentes en las calles del pueblo”, así como apreciar en el suelo las gotas de cera.

De niña, por otra parte, mientras esperaba sentada en un banco el paso de la Virgen de los Dolores, pudo contemplar la imagen triunfal del Cristo Resucitado, afirmó. “Asomaros al camarín de la Virgen de la Asunción y veréis qué sorpresón”, escuchó en aquel momento, instantes antes de apreciar “esa sonrisa que todo ilumina y en la que estaba Él”. Además, se trata de un acto que tuvo un doble carácter especial. En primer lugar, por ser la trigésimo tercera edición, el mismo número con el que falleció Cristo; y en segundo lugar, por ser presentada y reconocida por su marido Salvador Bermúdez. En este contexto, su compañero de vida destacó la fe, la esperanza y la caridad como pilares fundamentales en el día a día de Castellano Porras. Algo que desarrolla en Villargordo, donde trata de “conocer más a Jesucristo”, no solo con su presencia en la parroquia, sino con el impulso de la lectura sobre el mundo cristiano tanto en ella como en la gente que le rodea. Por último, cabe destacar el respeto que mostró Bermúdez por la labor profesional de su esposa como enfermera: “Una profesión que hoy ejerce con gran vocación. Su amor a Cristo y el amor a su profesión demuestra su empatía”.

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