en un monte de Segura
La nave estaba a 13 minutos de vuelo de El Cornicabral
Los expertos de la Comisión de Investigación de Accidentes e Incidentes de Aviación Civil (Ciaiac), un órgano dependiente del Ministerio de Fomento, ya tienen sus conclusiones sobre el último accidente aéreo registrado en la provincia. Tras más de una semana de trabajo, publican en su página web un informe provisional que, no obstante, ya da una explicación sobre lo ocurrido. La avioneta que pilotaba el castellonense Pablo Alemany Sogues, de 47 años, se estrelló poco antes de llegar a su destino, y el impacto fue fatal; la nave quedó destrozada y él no pudo salvar su vida. El aviador despegó de Manises, en Valencia, sobre las tres de la tarde. Su destino, Granada, la ciudad donde estaba afincado desde hacía años. No encontró unas condiciones favorables para el vuelo, como dejan claro los técnicos del Ciaiac, y, en concreto, el viento pudo ser determinante.
Durante su viaje, Pablo Alemany Sogues comprendió que tendría muchas dificultades para llegar a Granada; la ventolera que se encontró de frente le impediría llegar antes del ocaso a la capital de la Alhambra. Al entrar al espacio aéreo andaluz, se le ocurrió una solución: solicitó al centro de control de vuelo de Sevilla autorización para realizar un aterrizaje forzoso en el aeródromo de El Cornicabral, en Beas de Segura, y, aproximadamente, a medio camino de la ruta que se había fijado el castellonense. El protocolo de emergencia se puso en marcha para garantizar que la aeronave tomara tierra. Desde la capital hispalense avisaron a Juan Manuel García de Vinuesa, director de El Cornicabral, para que preparara la pista. Era una noche de perros, lluviosa y oscura, pero para hacer el pequeño aeropuerto visible se iluminó con faros de coches y se conectaron todas las luces de la torre de control. El Ayuntamiento beatense y la Policía Local fueron alertados ante cualquier previsible contratiempo.
A las siete de la tarde, aproximadamente, se cortó la comunicación con Pablo Alemany Sogues, la Cessna 172 que manejaba no aparecía en el radar y él no contestaba a la radio. Hasta ese instante, llevaba un rumbo correcto hacia Beas y se encontraba a tan solo 11 millas del campo; aproximadamente, 13 minutos de vuelo. Soplaban rachas de aire del suroeste, de entre 15 y 20 nudos, es decir, de casi 40 kilómetros por hora. Hubo un cuarto de hora de incertidumbre. La avioneta no había aterrizado ni había certeza de su posición. A las 19:15: se confirmaron los peores pronósticos, el centro de control de Sevilla recibió un aviso del 112 que informaba de que un testigo había visto caer un aeronave en plena sierra. Comenzó una intensa operación de búsqueda que dio con la avioneta totalmente destrozada y con el cadáver del castellonense sobre las 9:30 del 10 de febrero, en un escarpado paraje de Cañada Catena, en Segura.
La Comandancia jiennense coordinó un dispositivo en el que participó medio centenar de guardias civiles, incluido el Servicio de Intervención Rápida, que fue desplazado a Beas; agentes de Medio Ambiente de la Junta, la Guardería Rural y policías locales de la zona. Un avión de Salvamento Aéreo, con visión nocturna, despegó de Palma de Mallorca para unirse al despliegue y sobrevolar la zona, a unos ocho mil metros de altura; además, se iba a incorporar un helicóptero de la base madrileña de Cuatro Vientos, aunque el mal tiempo lo impidió. Sin embargo, no se pudo localizar sano y salvo a Pablo Alemany Sogues. Eso sí, los trabajos de campo y la información de la posición que aportó el Ministerio de Defensa sobre las últimas coordenadas de la avioneta permitieron que, a primeras horas del día, después de una madrugada y un amanecer de gran trabajo, se localizaran el cadáver y el aparato.
Emergencia. Los primeros avisos de que algo iba mal en el vuelo de la Cessna 172 llegaron a las 18:38 del 9 de febrero. El 112 de Albacete recibió la llamada de un testigo que vio cómo una avioneta realizaba “maniobras de emergencia”. Los malos augurios se confirmaron una hora después.
Solución. La idea de preparar el aeródromo de El Cornicabral para un aterrizaje forzoso no resultó. Aunque la pista estaba lista, el piloto, a punto de llegar a esta base, no logró controlar el aparato, según los informes de los expertos.
Complicación. La jornada del accidente fue lluviosa y de fuerte viento en la provincia jiennense, sobre todo, en las zonas montañosas, como es el caso de la Sierra de Segura.
Coincidencia. En septiembre de 2009, un caza Mirage F-1 del Ejército del Aire se estrelló en una zona muy próxima a la del accidente de la avioneta del castellonense, el pasado 9 de febrero. En esa ocasión, el piloto salvó la vida.