El lince ibérico se deja ver por la campiña tosiriana
Avistan un ejemplar de la especie en un coto del término municipal
El paso, tranquilo; la mirada, escrutadora; el semblante, limpio. Un explorador, un peregrino en busca de una nueva tierra libre que venerar y, quién sabe, a la que llamar hogar con el tiempo. Un lince ibérico acogido, como acto de amor, por la mañana neblinosa del Viernes Santo en un coto de Torredonjimeno. A cada paso que daba cobraban más sentido que nunca aquellos versos imperecederos que Machado escribió en Baeza: “Caminante, son tus huellas / el camino y nada más; / caminante, no hay camino / se hace camino al andar”. Su transitar en soledad y su espíritu aventurero dejaron ayer patente lo que es una evidencia desde hace tiempo: la población de lince ibérico crece en la provincia y la especie se expande a nuevas áreas que antes desconocía, porque no hay fuerza mayor en la naturaleza que la de la vida, que se abre paso ante cualquier barrera.
Y es que el del ejemplar avistado ayer en Torredonjimeno no es, ni mucho menos y como es bien sabido, el único caso de linces “jiennenses” que han abandonado su hogar en la Sierra de Andújar en los últimos tiempos. Francisco Martín, biólogo que colabora con organizaciones como SEO Birdlife, indica al respecto que son muchos los linces ibéricos que frecuentan, por ejemplo, las afueras de la capital de la provincia y el área de campiña entre Torredonjimeno y la pedanía de Lendínez, y que otros están establecidos en la zona de la sierra pegalajeña. “Se están expandiendo bastante más de lo que pensábamos en un principio”, añade Martín, que señala que los espacios apuntados tienen una cosa en común: son entornos en los que abundan los conejos. No en vano, uno de los principales motivos que está llevando a los linces ibéricos a abandonar las áreas serranas y a desplazarse a diversas zonas de campiña es la búsqueda de la comida que, tras los brotes de mixtomatosis y de enfermedad hemorrágica del conejo (EHC) de los últimos años, escasea en los entornos que solían ocupar hasta ahora. Aunque Martín señala que “parece que la especie se está autoinmunizando”, deja claro que el número de conejos que habitan en espacios como la Sierra de Andújar, en la que también hay un alto nivel de depredación, sigue siendo “muy bajo”.
El pasado febrero, la Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Desarrollo Sostenible presentó a la Comisión Europea el proyecto Lynx Connect, con el que, con una inversión de 18,5 millones de euros, se pretende lograr que en los próximos cinco años la Unión Internacional de la Conservación de la Naturaleza pase de considerar al lince especie en peligro de extinción a “sólo” especie vulnerable. Actualmente se cumple uno de los requisitos, contar con 125 hembras reproductoras. A finales de 2018 la población mundial de lince ibérico era de 686 ejemplares, de los que 306 eran reproductores, y, de estos, 160 eran hembras.