Cabra montés y sarna: la plaga que no cesa
¿Por qué se combate a Tiro Limpio Cada vez que surge un brote?
La sarna sarcóptica provoca cíclicamente en Jaén la muerte de cientos, incluso miles de cabras monteses, una de las especies cinegéticas más valoradas y emblemáticas de nuestra fauna silvestre. En la primera mitad del siglo XX esta terrible enfermedad no causó problemas porque la población de cabras era muy escasa. Durante la Guerra Civil fueron prácticamente exterminadas. En 1951 había solo 300 ejemplares. Pero entre 1952 y 1961 se impulsó la recuperación de especies autóctonas como la cabra montés con la vista puesta en la creación del Coto Nacional de las Sierras de Cazorla y Segura, que cuajó en 1960. La prohibición de la caza mayor de la cabra, que se prolongó hasta 1957 para alimentar la disponibilidad de piezas en el nuevo coto, disparó entonces el número de ejemplares hasta los 1214 contabilizados en 1961. Y, desde entonces, no dejó de crecer hasta llegar a los 10.000 individuos en 1987, cuando surgió la epidemia de sarna más devastadora de cuantas se han conocido hasta ahora. Luego se han registrado más brotes. Hay uno cada cuatro o cinco años. ¿Por qué se producen? Es fácil de explicar si recordamos el Covid. Cuanta más población y más contacto entre individuos, más contagios. Lo mismo pasa con la sarna que castiga de forma recurrente a las cabras monteses de nuestras sierras desde el último tercio del siglo XX en un círculo vicioso que parece no tener fin.
Un parásito enano pero muy dañino
La sarna sarcóptica o sarcoptidosis es una enfermedad muy contagiosa producida por un parásito parecido al ácaro llamado Sarcoptes scabiei. Se trata de un artrópodo con forma de huevo que mide entre 150 y 450 micrómetros de diámetro. Un bicho enano pero muy dañino porque se introduce en la piel de la cabra excavando galerías para depositar detritus y huevos fecundados. La destrucción dérmica engrosa entonces su piel, hace que pierda el pelo y se queda sin protección frente a las infecciones. El picor incomoda continuamente al animal afectado, que suele terminar presentando heridas. Además, suele degenerar en una sarna “costrosa” que provoca problemas vasculares y renales graves que desembocan en su muerte. ¿Cuánto dura viva una cabra una vez contagiada? “Todo depende del estado en que se encuentre, hasta varios meses”, aclara el veterinario de campo José Antonio Rivera. La sarcoptidosis se desarrolla más en machos, sobre todo en edad reproductora, que en hembras, “causando desequilibrios en la estructura poblacional y en la proporción de sexos, con un mayor número de hembras que machos y estos la gran mayoría son ejemplares jóvenes y subadultos poniéndose en grave riesgo la conservación de esta especie”, según la investigación “Vigilancia epidemiológica en poblaciones de cabra montés (Capra pirenaica) en Andalucía”, de Félix Gómez-Guillamón.
Una enfermedad muy contagiosa
“La principal vía de transmisión es el contacto directo, de madres a crías durante la lactancia, pero sobre todo durante el periodo de celo en el que numerosos machos tienen contacto con diferentes grupos de hembras”, según Gómez-Guillamón. La mayoría de los contagios se producen entre noviembre y marzo, explica Juan Antonio Herrera, delegado provincial de Jaén de la Federación Andaluza de Caza. También se transmite de forma indirecta, pero mucho menos, en rascaderas o dormideros, apunta el veterinario José Antonio Rivera. Las elevadas densidades de ungulados que se registran en determinadas áreas y periodos favorecen la propagación del parásito. “A más animales, más contacto y más fácil es el contagio”, subraya Rivera. Y aclara: No todos los animales que se contagian, mueren. Los que lo hacen, mueren “por inanición debido a la fiebre por las infecciones y cerca de puntos de agua”, donde acuden para aliviar el picor. “Algunos mueren en fuentes o arroyos, lo que es muy peligroso porque la sarna se contagia a los seres humanos”, subraya Herrera. Por este motivo, explica, los cazadores extreman el cuidado. “Siempre le decimos a nuestra gente que cuanto menos toquemos la pieza, mejor. Si es un macho trofeo adulto hay que cortar la cabeza con guantes usando, si es posible, ropa de desecho o mono, y si no, lavar la ropa con lejía. También intentamos que los perros de rastreo se acerquen lo menos posible”, afirma.
La cabra tira al monte
A nivel global, “las poblaciones de cabra montés alcanzan unos 50.000 individuos que se distribuyen de manera heterogénea en las regiones del centro, sur y este peninsular”, según Gómez-Guillamón. Andalucía alberga más del 50% de los efectivos de capra pyrenaica de la península ibérica, con más de 30.000 ejemplares, ocupando una superficie de algo más de 95.000 km2, casi el 11% de la superficie andaluza. En Jaén, la cabra montés fue casi totalmente exterminada en Cazorla y Segura durante la Guerra Civil. En 1951 rondaba las 300 reses, según explica J.M. Crespo, de la Universidad Internacional de Andalucía en su estudio “Repercusiones sociales de los daños producidos por la repoblación cinegética de los años cincuenta en las Sierras de Cazorla y Segura”, publicado en el número 16 de los Cuadernos de la Sociedad Española de Ciencias Forestales. Una vez que en 1952 se formalizó la propuesta para crear el Coto Nacional de Cazorla, se trabajó intensamente en la recuperación de la cabra. Y les cundió, porque en 1961, se acercaba ya a los 1300 ejemplares. Además, se introdujeron otras especies no autóctonas apetecibles para la caza “como el gamo, que viene de Centroeuropa, y el muflón, que es de Córcega, que entraron en competencia alimentaria con la cabra montés”, que se vio así debilitada, subraya Esteban Ureña, portavoz de Ecologistas en Acción. Hoy, esta especie “tiene sus principales densidades en las sierras de Cazorla, Segura y Las Villas, Sur y Mágina, con puntos localizados en Sierra Morena”, según Herrera. Y añade: “Nos la podemos encontrar también en el valle del Guadalquivir. No es extraño verla en Arquillos o Vilches porque en la sierra tienen sobre todo pino, que no les ofrece tanto alimento y por eso vienen a disfrutar con los olivares, generando conflicto con los agricultores”. Hoy se estima que en Cazorla hay una densidad de 2,36 cabras por kilómetro cuadrado y en Mágina 1,75.
Crisis tras crisis tras crisis
Antes de 1987 se estimaba que la población de cabras monteses se situaba en torno a los 10.000 individuos en el Parque Natural de Cazorla, Segura y Las Villas. En 1991 quedaban menos de 300. Este ha sido, hasta ahora, el brote más devastador registrado en la provincia. Paralelamente, y en años sucesivos, empezaron a aparecer casos de la enfermedad en otros puntos, como Sierra Mágina. Y luego se convirtió en un problema cíclico que resurge con fuerza cuando las cabras están más débiles, porque disponen, por ejemplo, de menos pasto por la sequía. En 2009 hubo un brote. En 2015, otro. En 2019, otro. Y en 2025 ocurrió de nuevo. Entonces, la Junta de Andalucía aprobó la emergencia cinegética, que afecta a 65 municipios de la provincia, hasta 2027. En concreto, contemplaba un plan de caza para reducir mediante arma de fuego a los individuos que presenten síntomas visibles de sarna y menguar así la densidad de ejemplares porque así disminuye el contacto entre ellos y, por tanto, la probabilidad de propagación del parásito. “La caza es el mejor remedio contra la propagación de la enfermedad y aquí los cazadores juegan un papel fundamental como custodios del territorio”, afirma el delegado en Jaén de la Federación Andaluza de Caza, que solicita a la Junta que se les autorice a cobrar más piezas porque “se queda corta en cuanto a los cupos. No porque queramos matar por matar, sino porque la caza es la única herramienta de control”. El veterinario José Antonio Rivera está de acuerdo: “Es una medida necesaria que puede ayudar a controlar y evitar la expansión de los brotes de esta enfermedad”. En cambio, para Ecologistas en Acción, la caza no es la solución, sino parte fundamental del problema. “Lo único que quieren los cazadores -afirma- es una cornamenta imponente para ponerla encima de la chimenea, pero no están controlando a la población enferma. Matan a los machos que están sanos, que son los que podrían mejorar la genética de la especie, así que están haciendo que empeore la situación”. Esta organización ecologista atribuye el descontrol de esta enfermedad a la desaparición del depredador natural de la cabra montés, que es el lobo. “Nosotros siempre apostamos por reintroducir las especies depredadoras y autóctonas. Lo que pasa es que decir eso hoy es tremendamente complicado”, explica Ureña.
Causas de la enfermedad
Hay quien ha apuntado al zorro como posible vector de introducción de la sarna sarcóptica en Mágina, pero no se ha podido confirmar. También se ha culpado al ganado doméstico. Algo quizá más plausible. De hecho, el brote detectado en Cazorla a finales de los años 80, “parece estar asociado -según Gómez-Guillamón- a la introducción de cabras domésticas infectadas”. Lo que sí parece totalmente cierto es que el avance del parásito está relacionado con un debilitamiento fisiológico de estas cabras monteses debida a la escasez de comida originada por la sobrepoblación de herbívoros. Porque la comida es la que es, y se la disputa no sólo la cabra montés, sino también ciervos, gamos y muflones. Para el veterinario José Antonio Rivera, existen algunas causas comunes a muchos de los problemas sanitarios que nos encontramos hoy, como “la proliferación de fincas de caza donde los censos son incontrolables, la ganadería extensiva tal y como la conocemos hoy, la superpoblación de cabra montés, el abandono de explotaciones ganaderas y la despoblación de las sierras”.
Tratamientos que no sirven
La aplicación de medidas preventivas en el medio natural es casi imposible. Se han ensayado algunas vacunas, pero “en la actualidad no hay ninguna que evite la infección”, señala José Antonio Rivera. “Desde hace bastante tiempo -añade- se usan medicamentos tipo ivermectinas y derivados que son eficaces en el tratamiento”, que se suelen poner inyectados o con alimento medicado. ¿Problema? Esto resulta fácil de administrar a ovejas o cabras domésticas, no en el caso de la cabra montés ya que resulta más que difícil llegar hasta ellas. Además, si se les proporciona pienso tratado en comederos, algunos animales pueden hipermedicarse, comiendo de más, otros submedicarse y otros ni siquiera lo probarán, así que los resultados son dispares, según el veterinario de campo, quien también avanza que “están en estudio unos inyectables absorvibles para su uso en armas de fuego”. Otro problema aparte es qué se puede hacer con los animales abatidos. Rivera considera importante su “retirada para evitar que sean una fuente de contagio o permitir la presencia de aves carroñeras que los eliminen”. Los cazadores lo ven poco viable. Cuando abaten un ejemplar con síntomas evidentes de sarna, intentan enterrarlo o arrojarlo a zonas de matorral poco accesibles a depredadores como el zorro, para evitar contagios. “A 2000 metros de altitud, sin senderos, con un bicho de 80 kilos que no puedes cargar, ¿qué vamos a hacer? ¿Llevar cal viva? Eso sería inviable”, concluye Juan Antonio Herrera.
¿Claves de la crisis que no cesa?
1.) Pequeño, pero matón
La sarna sarcóptica es una enfermedad producida por un parásito diminuto llamado Sarcoptes scabei que destruye la piel de las cabras y las mata lentamente.
2.) Afecta más a los machos
La sarna afecta más a los machos, sobre todo en edad reproductora, que a las hembras, desequilibrando la proporción de sexos y poniendo en riesgo la conservación de la especie.
3.) Muerte por inanición
No todos los animales contagiados mueren. Los que no logran remontar la enfermedad suelen morir por inanición junto a fuentes o arroyos donde acuden para aliviar el picor.
4.) Competencia alimentaria
Las cabras compiten con los gamos, ciervos y muflones por la comida y, cuando escasea por sequías u otras causas, se debilitan y es más probable que contraigan la enfermedad.
5.) A tiro limpio
Cuando aparecen brotes, se suelen articular planes de caza para reducir mediante arma de fuego las reses que presenten signos visibles de sarna y menguar así la densidad de ejemplares.
6.) Cuidado con el ganado doméstico
El gran brote que esquilmó la población de cabras monteses a finales de los años 80 en Cazorla parece estar asociado a la introducción de cabras domésticas infectadas.
7.) El bosque que viene
El tratamiento con medicamentos tipo ivermectinas es eficaz, pero difícil de dispensar a animales salvajes. Ahora están en estudio unos inyectables absorvibles para uso con armas de fuego.