Por la dignidad del campo

    31 ene 2026 / 09:23 H.
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    Jaén vuelve a hablar con el lenguaje que mejor conoce el campo cuando siente que no le escuchan: el de los tractores en la calle. La protesta de agricultores y ganaderos contra los recortes de la Política Agraria Común (PAC) y UE-Mercosur, el acuerdo comercial que pretende crear una de las zonas de libre comercio más grandes del mundo al unir la Unión Europea con Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, no fue un episodio aislado ni localista. Fue, más bien, la expresión visible de la inquietud que atraviesa al sector agrario y que en una provincia como Jaén, donde el olivar vertebra economía, empleo y territorio, adquiere un significado especial. La concentración jiennense se enmarca en una jornada de movilizaciones simultáneas en siete provincias andaluzas, que reunieron a más de 2.600 personas pese a las dificultades meteorológicas que obligaron a suspender actos previstos, como el de Sevilla. El mensaje fue común: el campo percibe que se le exige cada vez más —en costes, en requisitos ambientales y administrativos— mientras se le ofrece menos certidumbre sobre su futuro. En Jaén, donde miles de explotaciones dependen directamente de la estabilidad de las ayudas europeas, cualquier ajuste en la PAC se traduce en preocupación inmediata. El rechazo al acuerdo UE-Mercosur añade una capa más al conflicto. Los agricultores temen que la apertura del mercado europeo a productos procedentes de terceros países, sin las mismas exigencias fitosanitarias, laborales o medioambientales, erosione la competitividad de las producciones locales. En una provincia marcada por el monocultivo del olivar, esa amenaza no se interpreta como abstracta, sino como un riesgo directo para la rentabilidad de explotaciones ya tensionadas por los costes y la volatilidad de los precios.

    Editorial
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