La seña de identidad de Mágina
La sobreexplotación que sufre el acuífero de Pegalajar explica la sequía de su emblemático embalse urbano, un conjunto integrado por la Fuente de la Reja, la Charca y la Huerta que es parte esencial del patrimonio histórico, cultural y económico del municipio, tal y como está reconocido en su declaración como Lugar de Interés Etnológico efectuada por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. Faltaban tantos metros, suelo abajo, para que el agua empezara a manar que, mientras que en el resto de la provincia reaparecieron cascadas y manantiales prácticamente inexistentes, en este rincón de Sierra Mágina todo seguía igual. Hay que tener en cuenta que, en años en los que las precipitaciones brillan por su ausencia, no sólo el manantial abastece a los pegalajareños, incluida La Cerradura, sino también a otras poblaciones cercanas. Hay proyectos encima de la mesa de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir para recuperar la Charca de forma permanente, pero pesa más la balanza de la rentabilidad económica que la social. Lo que está claro es que esta especie de pantano urbano recoge las aguas del nacimiento de la Fuente de la Reja desde tiempos medievales y, durante siglos, fue el principal elemento de desarrollo de Pegalajar, hasta convertirse en el centro de la vida de ocio y fiestas de los vecinos, gracias a la organización de actuaciones musicales, paseos en barca o competiciones de natación. Lo que en un principio fue una simple presa con un muro de piedra de contención se convirtió en un punto de referencia carente de sentido cuando falta el agua. La recuperación de toda una seña de identidad es una necesidad.