Ser constructores de paz; reconstructores de vida

    01 abr 2026 / 08:25 H.
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    En esta vida, todo tiene sanación, si cultivamos la cordialidad; que radica en amar sin medida ni correspondencia, para que la duda quede saciada por la dulzura de las bondades y verdades vertidas, ausentes de temores. Realmente, no fuimos hechos para una existencia donde todo sea bueno y seguro; sino para un itinerario a descubrir, y no a encubrir, que nos concilie, regenerándonos continuamente con el don del afecto entre análogos. Por tanto, nada es fácil, pero tampoco nada es imposible. De ahí, lo importante que es generar climas de concordia, hacer familia y sentirse rama entre semejantes de un tronco común; porque, hoy como ayer, el mundo anhela también la paz, pero a menudo la buscamos con medios inadecuados, en ocasiones incluso recurriendo a la fuerza del poder.

    Vuelva la pasión, en esta Semana Santa, a reconvertirnos y a purificar los empedrados latidos. Sin duda, no hay mejor terapia, que la caricia de una mirada extendida sobre nuestros pasivos cuerpos. Precisamente, yo mismo me paso los días, reivindicando la cultura del abrazo sincero como lenguaje, junto al brío donante y en guardia permanente, como el verídico poeta. Porque los deseos de unión y de unidad brotan y maduran como fruto de la renovación de la mente, de la negación de uno mismo y de una viva expansión interna. Se siente cada vez más la exigencia anímica de la entrega, para poder sobrellevar el aluvión de cruces que nos remitimos unos a otros continuamente, para que la humanidad supere las razones de las desavenencias y de los conflictos.

    Desde luego, es cierto que los calvarios no cesan, pero la fuerza reconstituyente del amor siempre revive en nosotros y nos pide afrontarlo todo con paciencia y comprensión, sin llevar cuentas del mal sembrado. Pongamos, pues, nuestra mirada en el futuro. Tal vez, entonces, descubramos que seducir sin cláusulas y de corazón, es aprender a reprenderse, a caminar por este orbe. En Jesús resucitado, la vida ha vencido a la muerte. Esta fe pascual alienta y alimenta nuestra esperanza. Ojalá que, bajo estos aires, de la pasión a la gloria; también nosotros, ya seamos creyentes o no, hallemos un tiempo para la reflexión. No olvidemos jamás, que uno tiene que quererse primero, para poder querer a los demás. Bajo este níveo cariño, manado y emanado de nuestro interior, todo se restablece. La querencia nos enraíza en la comprensión, llevándonos a una sentida valoración de cada ser humano, reconociendo su derecho a la felicidad; que no está tanto en vivir, como en saber hacerlo, sin hacer alarde ni agrandarse, ya que nadie somos superior a nadie.

    Estamos aquí para proporcionar savia, no para quitarla. A veces ocurre que practicamos la exclusión, contraria a ese espíritu fraterno para el que hemos sido convocados. Esto nos demanda sentimientos de humildad unos con otros, si en verdad queremos ser maestros en lo armónico, destronando de nuestro horizonte la competición para ver quién es más inteligente o poderoso, porque esa estupidez acaba separándonos. Las gentes que se aman, respetan el vínculo incondicional y desprecian los intereses mundanos. El camino correcto pasa por madurar y crecer en el aprecio, sobre todo hacia aquellos que se mueven a nuestro lado. Desmontemos los andares del odio, el rencor y la indiferencia, para que podamos ser instrumentos de reconciliación; y, por ende, medios de apoyo y confianza.

    En consecuencia, pongamos en nuestro itinerario el peregrinaje de la tristeza al gozo. Deliberemos sobre ello, hagamos un alto en el camino. Son jornadas para la meditación, días de vivir con sobriedad la pasión y muerte de Jesús, para después celebrar, rebosantes de alegría, la gloria de la resurrección. Que este espíritu reconcentrado ilumine nuestras mentes y convierta nuestras entretelas, haciéndonos conscientes del valor de toda existencia, que ha de ser siempre de acogida, de gran protección y de estima.

    VÍCTOR CORDOBA HERRERO / Jaén

    PP: del bloqueo táctico a la carencia programática

    La actual estrategia del PP en el Congreso plantea un dilema sobre su papel como alternativa de Estado.

    El reciente episodio de los decretos anticrisis por la guerra de Irán ha evidenciado que la dirección de Génova prioriza el rédito electoral y la erosión parlamentaria sobre el contenido técnico de las normas. Al supeditar su voto a la aritmética de terceros —en este caso, los movimientos de Junts—, el PP incurre en una contradicción programática: se rechazan medidas que el propio partido había reclamado, como las rebajas del IVA en alimentos básicos. Bajo la dirección de Feijóo y con Tellado como secretario general, la formación ha transitado del “sí” inicial —“bienvenidos a la fachosfera”–, pasando por el “no”, a una abstención final cuando el “no” se mostró irrelevante, huérfana de una propuesta alternativa sólida. Esta deriva técnica sugiere que el objetivo no es mejorar la eficiencia de las políticas públicas, sino forzar la parálisis legislativa del Ejecutivo. Al convertir el Parlamento en un tablero de sabotaje táctico, se desdibuja el rigor técnico necesario para abordar la inflación. Una oposición que sacrifica la estabilidad económica por el impacto de un titular compromete su propia credibilidad como partido de gobierno.

    MIGUEL FERNÁNDEZ-PALACIOS GORDON

    ¿Dónde está la bolita?

    El llamado “gran reinicio” europeo de la deuda suena a magia financiera, pero plantea preguntas inquietantes para cualquier ciudadano. Convertir parte de la deuda pública en bonos perpetuos a cupón cero en el balance del BCE equivale, en la práctica, a esconder el problema debajo de la alfombra contable: la deuda sigue existiendo, pero se difumina quién la paga, cuándo y con qué control democrático. Nos dicen que así se ganarían hasta cuarenta puntos de PIB en margen fiscal, que los mercados no sufrirían un trauma y que todo sería una operación “técnica”, casi neutra. Pero si el banco central pasa de guardián de la estabilidad de precios a árbitro de la sostenibilidad fiscal, ¿no estamos abriendo la puerta a un poder enorme, poco transparente, sobre el futuro de nuestros Estados del bienestar? La cuestión no es solo si podemos “resetear” la deuda, sino quién decide, con qué condiciones y a cambio de qué. Antes de celebrar un reinicio silencioso, ¿tendremos un debate público que todo el mundo entienda? La ingeniería financiera no puede sustituir a la política ni al contrato social entre generaciones. En este juego de trileros financieros, la bolita es la gran desconocida.

    PEDRO MARÍN USÓ

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