Pie en pared

    14 feb 2026 / 10:05 H.
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    Apoyo la propuesta de Gabriel Rufián para unir a las izquierdas (más allá de un PSOE que nunca he considerado como tal). La gran abstención en países como España y EE UU es el síntoma de una mayoría progresista desilusionada, que se retira, al ver el tablero político monopolizado siempre por el bipartidismo. Pero ahora es distinto: el olvido histórico ha rehabilitado al fascismo, y un siglo después, nuestra falta de memoria nos condena a repetir los mismos errores. Da igual que nos alerten de ello en prensa, radio o televisión; las hordas fascistas juegan en otra liga: las redes sociales; y nos llevan mucha ventaja. El negacionismo global es un producto financiado por los lobbies energéticos y tecnológicos. Esto es lo que hay, pero aún estamos a tiempo: Bildu, Esquerra o BNG, deberían apoyar la propuesta de Rufián. Que dejen por un momento de mirarse al ombligo nacionalista, y piensen que como lleguen el PP y VOX a gobernar el país... Se acabaron las autonomías. Habrá un partido único, y nunca más habrá elecciones libres. Como está pasando con Trump. Debemos recuperar el espíritu del 15M, dejando atrás las batallas de egos, y formar un frente común que frene el avance del fascismo. La propuesta es buena, no pierdan el tiempo en pensar quién la debe liderar.

    RAFA ZAMORA SANCHO / SAN SEBASTIÁN

    Nueva cristiandad

    Un panorama somero por la vieja Europa nos hará reconocer las muy numerosas muestras arquitectónicas de carácter religioso: catedrales, monasterios, iglesias, monumentos... todos ellos pertenecientes a la antigua cristiandad.

    Tras la ascensión del Señor y la venida del Espíritu Santo el pequeño grupo de los apóstoles y sus seguidores se fueron esparciendo, con su vital predicación, por el mundo greco-romano creando, valga la expresión, un mundo nuevo donde la presencia de Dios y los principios cristianos se hacían patentes.

    Los siglos han pasado y el panorama contemplado es desolador: quedan las piedras muertas, inánimes. No existen ya apenas piedras vivas y las personas dejan que desear: Europa ha dejado de ser cristiana, se ha perdido el sentido religioso.

    Como dice algún documento eclesiástico latinoamericano: “No estamos en una época de cambios, sino en un cambio de época”. Efectivamente ya rebasamos la modernidad y la postmodernidad, estamos en el tercer milenio y las formas de vida y de pensar se han orientado en dirección divergente a la religiosidad y por tanto a Dios. Se ha consumado de manera patente la “apostasía silenciosa de Europa”, temida preocupación de Benedicto XVI, quien con su genuina sabiduría veía otear en el horizonte. Era la Europa triste y apagada.

    ¿Qué hacer, pues, ahora? No son válidas las lamentaciones. En la Sagrada Escritura se habla en diversas páginas del “resto de Israel”, un pequeño grupo del pueblo elegido que permanecía fiel a Dios, y sobre él recayó la esforzada responsabilidad de seguir contagiando a unos y otros de la seguridad y de la confianza en las promesas divinas. Y nosotros ¿qué podemos hacer ante este panorama? Algo semejante: convertirnos en ese “resto de Israel”. Tomar y reasumir, como lo hicieron los apóstoles y los primeros cristianos, la esforzada tarea de predicar, más aún, de vivir con extremada fidelidad una vida ejemplar en la que Cristo y su mensaje se manifieste de manera palpable y mostrar la radiante felicidad que ello conlleva.

    JUAN ANTONIO NARVÁEZ SÁNCHEZ / ÚBEDA

    Edificios y personas

    Las urbes superan en número de habitantes a los pueblos, y esta realidad no se da solo en nuestro país, sino también a escala mundial. Las megaciudades siguen creciendo y concentran a más población que muchos Estados.

    Los edificios son uno de los rasgos característicos de estas ciudades, al alojar viviendas y acoger sedes de distintas actividades humanas. Muchos perduran con el paso del tiempo, mientras que otros son derribados para dar lugar a nuevas construcciones, más acordes con las necesidades del momento.

    La dificultad de acceso a la vivienda se ha convertido en un tema recurrente, tanto aquí como en buena parte de Europa. Pero detrás de cada piso hay personas que los habitan y que, al igual que los edificios, envejecen, se transforman y dan paso a nuevas generaciones.

    Este paralelismo entre edificios y personas refleja el dinamismo de las urbes y del propio país. Contemplar estas edificaciones es, en cierto modo, leer la historia, del mismo modo que la representan los cada vez más numerosos centenarios.

    Vivimos tiempos de cambios acelerados, pero también de memoria y aprendizaje. Los humanos necesitamos saber de dónde venimos y qué errores hemos cometido, para evitar repetirlos. La sabiduría se refleja tanto en las personas como en las construcciones. A veces, detenernos a mirar lo que tenemos delante de los ojos —y no precisamente el móvil— puede ayudarnos a cuidar mejor nuestras ya de por sí deterioradas relaciones personales.

    PEDRO MARÍN USÓN / ZARAGOZA

    El brutal cambio climático actual

    Una vez más estamos padeciendo este mes en toda su crudeza el cambio climático. Sólo lo niegan quienes por intereses económicos o políticos —sobornando al que haga falta— impiden reaccionar ante él, incluso relegando a lugares inadecuados las Cumbres sobre este problema y frenando las pocas medidas eficaces que podrían aliviar esta crisis mundial. En España han aplastado hasta las asociaciones ecologistas, que sólo se manifiestan ya juntas una vez al año antes de irse de veraneo.

    DIEGO MAS MAS / MADRID

    Cartas de los Lectores
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