Nuestra vida debe estar animada; por el dominio de sí y la modestia
Hay que bajarse directamente de los pedestales mundanos, si en verdad queremos ascender, purificarnos y transformarnos; sustentando y sosteniendo ese inherente poema perfecto, que todos añoramos mar adentro. La cuestión no es nada fácil, es cierto; requiere de nosotros un espíritu de servicio, a través del cultivo de los frutos del verso y la palabra, que salen del corazón y no tanto de los labios. Quizás sea saludable, dejarnos llevar por nuestros latidos internos, previo escucharnos mutuamente con paciencia y moralidad. Tampoco podemos seguir engañándonos, vertiendo mentiras que nos entierran en vida, de modo desesperante. Necesitamos ser más afables con nosotros mismos y más bondadosos con los demás. Será un buen complemento de sabiduría alcanzada. Reconozco lo difícil que es el dominio de uno mismo a la hora de transitar por este mundo tan injusto, en demasiadas ocasiones. Ojalá aprendamos a desprendernos de lo mundano, para abrazar el tesoro de la inspiración del verso; pues, sólo así, reconquistaremos el hallazgo de lo que somos y la verdad de lo que hemos de conjugar, con la gracia de sentirnos amados y queridos entre sí. Quizás lo podamos descubrir en las legumbres, un alimento noble con enorme potencial de aliento, para reforzar la seguridad alimentaria a nivel mundial.
Justamente, en estos días y a raíz del éxito cosechado con motivo del Año Internacional de las Legumbres en 2016, de cuya celebración se encargó la FAO y que, aún ahora se encumbró mucho más esta festividad, por parte de la Asamblea General de la ONU. A mi juicio, la celebración de esta fecha —hoy, 10 de febrero—, no sólo representa una oportunidad única para sensibilizar a la opinión pública sobre las legumbres y el papel esencial que desempeñan en la transformación hacia unos sistemas agroalimentarios más eficientes, inclusivos y sostenibles con miras a una mejor producción, una mejor nutrición, un mejor medio ambiente y una vida mejor, sin dejar a nadie atrás. Pero, junto a esto, que me parece muy significativo para repensarlo, yo igualmente añadiría, el papel trascendental de las mujeres rurales en la producción y distribución de alimentos a través de mecanismos cooperativos que, primordialmente, encuentran su fundamento y valor en el amor al prójimo y en el trabajo mancomunado del cooperativismo. Nadie me negará que las legumbres, sean un alimento noble, con un enorme potencial para reforzar nuestros andares.
Carecen de soberbia y no reflejan lujo, al tiempo que constituyen un componente esencial de las dietas saludables. Se trata de alimentos simples y reconstituyentes, que superan barreras geográficas, pertenencias sociales y culturas. En consecuencia, son todo un referente a considerar; porque su propia atmósfera es capaz de unirnos y de reunirnos, alrededor del calor hogareño, desarmando además la envidia, que por lo general hace a las personas indignas. Por ello, es de agradecer a ese olvidado mundo rural que, aunque el suelo sea pobre, ellos continúen sembrando semillas en abundancia para poder obtener cosechas modestas.
Mi aplauso hacia estas gentes que repueblan los poblados olvidados de simientes, que se afanan por cultivar la tierra sin dañarla, de manera que podamos participar sus frutos, pensando no sólo en nosotros mismos, sino también en las generaciones que nos sucederán. Aparte de que, consumir dietas saludables, debería ser un derecho universal. Marchemos juntos con ilusión. Imitemos los actos buenos de esos habitantes del campo que no renuncian a su misión, a pesar de los mil pesares que soportan con el cambio climático y con la egoísta actitud de los avasalladores. Apreciemos su trabajo de reanimarnos solidariamente, ya que todos formamos parte de la casa común, donde debe haber sitio para todos, sin descartar a nadie. Seamos vigorosos y resilientes, pues, como las legumbres.
VÍCTOR CORCOBA HERRERO / Jaén
Falta de humildad
En el encuentro del Real Madrid contra el Levante, el equipo local fue recibido con una sonora pitada, pañuelos en la grada y gritos de “Florentino dimisión”. Los jugadores saltaron al campo como si nada de eso fuera con ellos, proyectando una imagen de distancia que alimenta la sensación de desconexión con su afición.
En el pasado hemos visto a futbolistas hincar la rodilla en el césped frente a agresiones y discriminaciones, como gesto de rechazo y solidaridad. Sin confundir planos, este sábado la plantilla blanca tal vez debería haberse puesto de rodillas, incluidos banquillo y cuerpo técnico, para pedir perdón a la afición blanca por la deriva del equipo y reconocer su parte de responsabilidad.
Lo que muchos perciben no es solo una mala racha deportiva, sino una actitud: falta de autocrítica, declaraciones autosatisfechas y una exposición mediática constante que refuerza la idea de que algunos jugadores viven en una burbuja de privilegios inmerecidos. No todos se comportan igual, pero el mensaje que cala es el de un grupo al que le cuesta mirar a la grada cuando las cosas van mal. Mientras tanto, ¿a cuántos trabajadores enfocan las cámaras cuando van cada día a su puesto? La humildad no debería medirse en campañas publicitarias, sino en la disposición a asumir errores y a recuperar el vínculo con quienes sostienen el espectáculo desde la grada y desde el sofá.
PEDRO MARÍN USÓN
¿Dónde están, y dónde están?
Lord Palmerston fue un pragmático primer ministro del Reino Unido a mediados del siglo XIX que pasó a la posteridad por un contundente aforismo, un adagio inequívoco que reza: “Los Estados no tienen amigos, sino intereses”. Hace unas semanas, una canción marchosa, sarcástica, rezumando causticidad y verdad, se ha hecho viral: “¿Dónde están?”. China, Rusia, los comunistas, los presuntos combatientes contra el Tío Sam, todos ellos en teoría amigos y fieles camaradas de Nicolás Maduro lo han abandonado a su suerte; todo su apoyo y solidaridad era mera retórica, postureo, para deleitarle, palmeándole el hombro y esbozando hipócritas sonrisas. La política internacional, la geopolítica, se basan exclusivamente en priorizar logros de todo tipo ya que lo único que prima es el propio interés. Otra frase palmaria al respecto fue la pronunciada por Franklin D. Roosevelt, presidente de EE UU, cuando un colaborador le espetó que estaban apoyando a Anastasio Somoza, a la sazón presidente de Nicaragua. La política intramuros de cualquier Estado e incluso las relaciones personales, se rigen igual y el refranero nos lo recuerda: “Por el interés te quiero Andrés”. Cuando vengan mal dadas, nos negarían tres veces, como el apóstol Pedro con Jesús.
FRANCISCO JAVIER SÁENZ MARTÍNEZ