La lucha silenciosa por Cazorla
En la comarca de Cazorla, en Jaén, existe un patrimonio que muchas veces pasa desapercibido, pero que forma parte de la memoria y de la identidad de quienes vivimos en esta tierra. Lugares cargados de historia que han resistido al paso del tiempo y que hoy dependen, en gran medida, de la voluntad de personas que creen firmemente que no deben desaparecer. Hace unos años decidí implicarme en la defensa y recuperación de parte de ese patrimonio material e inmaterial. No por reconocimiento, sino por convicción. Porque cuando uno descubre la historia que guarda un lugar, entiende que dejarla perder sería borrar una parte de lo que somos.
Entre esos espacios se encuentra el singular Monasterio de Montesión de Cazorla, un enclave único construido en el interior de una cueva y rodeado de un paisaje que conserva siglos de historia. Un lugar vinculado a los primeros trashumantes que habitaron la zona del Peralejo. La tradición habla de un hombre conocido como Pedro Pecador, quien pidió en numerosas ocasiones la construcción de una pequeña capilla que sirviera de oratorio para quienes transitaban y habitaban estas sierras, vinculada a la devoción de San Pablo y San Antonio Abad.
Defender el patrimonio no es solo hablar de historia. Es trabajo constante y muchas veces invisible: horas de archivo, búsqueda de documentos, limpieza de espacios olvidados y la voluntad de mantener abiertos lugares que forman parte de nuestra memoria colectiva. Monasterios como el de Montesión quedan muy pocos. Conserva pinturas del barroco, una cripta con ventana y ese misterio que el paso de los siglos no ha conseguido borrar. Entre sus muros aún parece permanecer el olor de las ropas, los libros y los objetos de quienes pasaron por allí. Como si el tiempo se hubiera detenido y aquellas personas siguieran presentes, en cuerpo y alma, habitando el silencio de este lugar. Detrás de cada rincón recuperado hay esfuerzo, tiempo y amor por la tierra. Porque quienes vivimos aquí sabemos que nuestro patrimonio no es solo piedra o pintura: es identidad, paisaje y memoria. El patrimonio no pertenece a una sola persona. Pertenece al pueblo. Y es el propio pueblo quien debe cuidarlo, protegerlo y transmitirlo a quienes vendrán después. Porque cuando se pierde el patrimonio, no solo desaparece un lugar. Desaparece también una parte de nuestra historia.
INMACULADA CEPILLO / CAZORLA
Blue: arquitecto de lo invisible
Cuando hace seis años llegó a casa aquella criatura celeste y amarilla de felpa, con sus costuras imposibles y sus agresivos colmillos, me pareció un error de diseño, un intruso estético, un dragón que desafiaba cualquier canon de belleza. Sin embargo, para mi nieta, el peluche no era un objeto, sino una posibilidad. Lo llamó Blue, así, sencillo, como si el nombre pudiera suavizar cualquier aspereza. Con los años, ha perdido algo de su brillo y sus diminutas alas lucen arrugadas. Pero, en el universo de mi pequeña, Blue ha protegido sus sueños y ha sido un confidente silencioso. Él ha domesticado monstruos bajo la cama y ha guardado secretos que nadie más conoce.
Al observarlos hoy, entiendo algo sencillo: la belleza no siempre está en las cosas, sino en la mirada que las sostiene. Emma no ignoró su fealdad; la habitó. La niñez tiene esa capacidad casi alquímica: transformar lo grotesco en atractivo. Blue no es un juguete viejo. Es el mapa de su infancia, un rastro de todo lo que ha querido sin condiciones. Ella no solo lo aceptó; lo completó con su luz. Nos demostró que lo que para el mundo es extraño, para un corazón limpio es, sencillamente, hogar. Al final, resulta que Emma, con su gran corazón, era la verdadera arquitecta de lo invisible.
MIGUEL FERNÁNDEZ-PALACIOS
Tom Sawyer cumple 150 años
De Samuel Langhorne Clemens (1835 – 1910), más conocido por el seudónimo de Mark Twain, se ha escrito que por su talento pudo ser el Aristóteles de América, pero que el prefirió ser el bufón, el prestidigitador y el payaso literario de su país. No obstante, hacia el final de su vida, la Universidad de Oxford le otorgó el merecido título de Doctor Honoris Causa. Y es que la vida multifacética de Mark Twain no se puede compendiar en breves líneas: fue negociante, inventor, buscador de oro, piloto de barco..., pero lo que le ha dado fama imperecedera ha sido la de conferenciante, periodista y escritor. Sus escritos completos no se han podido recopilar con seguridad de forma total debido a que escribió infinidad de artículos o cuentos, firmados con distintos seudónimos y en publicaciones, a veces, de corta tirada o escasa difusión que impiden su localización. Y ello nos lleva a la conclusión de que ni él mismo se preocupó de salvaguardar su propia obra. Pero lo que conmemoramos ahora son los ciento cincuenta años de la publicación de “Las aventuras de Tom Sawyer”, las travesuras y andanzas de un niño y su pandilla de amigos entre los que se encuentra Huckleberry Finn (que tendrá luego su propia, mejor y más completa novela). Se percibe que tras Tom Sawyer se esconde el propio Mark Twain, y los lugares de sus juegos y aventuras pertenecen a su propio lugar de nacimiento.
El ambiente descrito en la novela, anterior a la guerra de Secesión americana, es una fotografía de la convivencia pacífica, cordial, distendida que reinaba en aquella época. Ese es el éxito de la novela junto a las desenfadadas peripecias de Tom, de Huckleberry y la pandilla de amigos. Y todo ello justifica que hayan transcurrido ciento cincuenta años leyéndose estas páginas con regocijo por jóvenes y mayores porque representan algo así como la ilusión de una infancia eterna.
JUAN ANTONIO NARVÁEZ / ÚBEDA
La vida real
Que los hogares españoles recorten unos 400 euros al año en comida es algo que se nota en cualquier supermercado de barrio, no en la prensa económica. Las familias cambian marcas, prescinden de productos básicos o reparten lo poco que tienen; pero, en los informes oficiales, parece que solo se han dado un pequeño bajón en el consumo de yogures. Mientras tanto, organizaciones como Cáritas se ven obligadas a multiplicar bancos de alimentos y comedores sociales, porque cada vez son más las familias que necesitan ayuda para llegar a fin de mes. Es curioso: en la tele se habla de “cesta de la compra”, pero en la calle lo que se ve son cestas cada vez más vacías. Las encuestas del CIS siguen preguntando quién va a ganar las próximas elecciones, mientras se olvidan de preguntar qué hay en la nevera de la “familia tal” o de la “familia cual”. ¿De qué sirve saber quién va a mandar en el Congreso si no se ve que en muchas casas se discute si se puede comprar carne o solo pan? Visto desde aquí, la brecha entre la política de despacho y la vida real no se mide en porcentajes, sino en platos a medio llenar. Y, por si no hay un sondeo al respecto, la gente que vive en la calle ya tiene su propia encuesta: el día a día, con un “¡Sálvese el que pueda!” ¿La sociología mide ideología o la vida real de los ciudadanos?
PEDRO MARÍN USÓN / ZARAGOZA