La ausencia compartida

    01 may 2026 / 08:41 H.
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    Todos los días compartían un cortado descafeinado. A su edad, la cafeína, con cuentagotas. Y todos los días, la misma conversación: los nietos que no llegaban. Observaban a otras mujeres de su entorno deslizar en el móvil fotos y vídeos de sus nietos. Sonreían con educación, asentían, incluso hacían algún comentario amable. Pero al volver a su mesa, el silencio se hacía más denso. El azar había dejado ese espacio en blanco en sus vidas, una ausencia difícil de nombrar sin que doliera. Sus hijos habitaban otro mundo: el de las prisas, la inestabilidad sentimental, los contratos frágiles y los planes aplazados. Trabajos que no garantizan certezas, vidas llenas de opciones, pero también de renuncias. Viajes, rutinas, experiencias que llenan calendarios, mientras la maternidad o paternidad se vuelve lejana, incierta o, simplemente, descartada. En cuadernos compartidos fueron escribiendo sus primeros pasos, sus palabras torpes, sus juegos en un parque que solo existía en su imaginación. No podían enseñarla en fotografías, pero sí sentirla en cada línea, en cada gesto. Y en ese acto silencioso, íntimo y persistente, descubrieron que incluso las ausencias, cuando se comparten, pueden encontrar una forma de ser habitadas.

    PEDRO MARÍN USÓN / ZARAGOZA

    Apuntes del alma

    Los que saben ocuparse en cualquier cosa útil y agradable son los que viajan. Pero no pueden tomar el tren. Toman notas. No para aprender, sino para olvidar y tener un provecho en lo
    que se digiere.

    Eso es la lectura. Es una conversación íntima con el entendimiento, el sentimiento y el pensamiento. Todo puede desearse.

    ANA CACHINERO / JAÉN

    Carisma humanitario, creatividad en las relaciones

    El ser humano debe ser consciente y responsable de sus dotes humanitarias, a la luz de su misión pensante y con vinculante espíritu creativo, debe sumar siempre fuerzas en favor de una existencia digna, con vistas al bien común. Lo importante es reflexionar sobre uno mismo, recomponer contextos sin unificarlos, y proyectarlos hacia el futuro. Renovarse o morir, esa es la cuestión, especialmente delicada y compleja, que puede suscitar intereses engañosos por parte de personas sin escrúpulos y ser ocasión de realidades inhumanas, que no son de recibo. En cualquier caso, si en verdad nuestro verbo es retoño del verso; y, como tal, ha de reorganizarse en comunión y en comunidad, para conseguir esa poesía perfecta como especie vital que somos, debemos contribuir a ello. Ciertamente, para reconstruirnos en el fidedigno apego, hay que ser más corazón que coraza, más celeste que mundano. La mayor atrocidad radica en cultivar el salvaje combate cuerpo a cuerpo, en vez de dejarnos cautivar por el carisma del alma, que es por lo que en realidad nos hallamos, nos consideramos y nos preocupamos. Ojalá despertemos y podamos interrogarnos sobre nuestros andares por la tierra. Para qué atesorar materias aquí abajo, que lo único que hacen es endiosarnos, para luego pudrirnos en los rincones oscuros, porque nuestro desorden lleva en su tropiezo el castigo, el sufrimiento del tránsito. Sin duda, aún no hemos aprendido la lección, de activar la cultura del abrazo fiel y sincero, como lenguaje existencial. Ojalá seamos creativos a la hora de conectarnos entre sí.

    Por desgracia, seguimos encandilados por seres corporales ostentosos, en lugar de embellecernos creativamente, reflejo del esplendor que durante unos soplos brilla ante los ojos de la mente. Practiquemos esta angelical estética y notaremos el cambio en nuestras propias miradas, que tendrán un atractivo más místico que terrenal. Sea como fuere, a poco que ahondemos en nosotros mismos, notaremos que el espíritu nos pone en la escuela de nuestro despertar a diario, lo único que vale y permanece, que no es otro aire que lo que convenimos ser: Amor de amar amor. Conseguiremos así, volver a ser un tronco común al calor del hogar, abecedario de vínculos; sobre todo haciendo familia, siendo genealogía, generando filiación en suma.

    Al igual que el que no inventa tampoco vive, el que no hace linaje también se sentirá perdido y no sabrá reencontrarse. En efecto, uno de los grandes problemas del orbe actual es la pasividad de sus moradores. Nos hemos abandonado y la originalidad que todos llevamos consigo, la hemos dejado de trabajar. La indiferencia es el peor de los males, ya que nos impide llevar esperanza a nuestros semejantes, para que puedan derrotar los vicios y superar los traumas terrenales. Sin embargo, esas gentes creativas a las que les afecta todo, aunque sean minoría, ayudan a crear una rica mezcla de sapiencias, contribuyendo al desarrollo social inclusivo, al diálogo y al alcance entre los pueblos. Atenderse y entenderse, debiera ser lo nuestro, lo de todos.

    Desde luego, la mayor gracia humanitaria pasa por revivirse a diario, acogiendo cualquier iniciativa que pueda poner fin a las discordias, activando la marea creativa del verdadero espíritu donante, sustentado en el esplendor de lo auténtico y sostenido por el afecto. El mundo en el cual habitamos requiere que la veracidad resplandezca y que no sea deslumbrada por la mentira o por la vulgaridad; precisa, además, que la clemencia entusiasme y que no sea vencida por el engreimiento, ni por el egoísmo.

    Los ciudadanos anhelamos, embellecernos por nuestros propios latidos con talante personal y comunitario, haciéndonos más compasivos y mejores ciudadanos, con donación y dependencia al mundo entero. Salvaguardémonos, pues; humanos, sin que nada nos resulte extraño.

    VÍCTOR CORCOBA HERRERO

    Trump y Abascal

    Como es natural, la nefasta locura del auto endiosado Trump provoca que pierda cada día más colaboradores y votantes. En España, Abascal, desecho del PP y hoy diminuta caricatura del actual Trump, jefe de “los tiranos que están asolando el mundo” —León XIV— ha perdido o echado ya a todos los fundadores de Vox, mientras que sus votantes sensatos buscan otras vías para mejorar nuestro país.

    DIEGO MAS MAS / MADRID

    Lluvia “popular” en Madrid

    Justo tras entrar en la oficina el último trabajador, el abominado “hombre de las nueve”, este martes cayó un diluvio, que eliminó la excusa celeste de cualquier llegada tardía a trabajar para otro. Más claro, agua: es otra perfecta actuación del “PPatronal”, que confirma, en este período preelectoral, su capital dominio de nuestra (o su, también económicamente) capital. Con razón, pues, alaban tanto el agua de Madrid.

    MARTÍN SAGRERA / MADRID

    Cartas de los Lectores
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