Estamos hartos de que se rían de los jiennenses

    22 abr 2026 / 08:33 H.
    Ver comentarios

    Fue convocar las elecciones autonómicas y ni se cortaron un pelo, el tranvía salió a la calle. Ahora parece que hay que darle un paseo todos los días y, mientras tanto, los jiennenses tenemos la sensación de que se ríen de nosotros. A mí me da igual el color político, lo que no me parece de recibo es que las administraciones públicas se gasten una millonada en una infraestructura y la paralicen por soberbia. Puede ser que, al final, lo pongan en marcha, aunque yo todavía tengo mis dudas, y también puede ser que pase como en Vélez-Málaga, que lo hagan tan mal que, al final, la gente no lo coja y, como no es rentable, lo vuelvan a paralizar. Yo es que debo ser muy mal pensada, quizás también es que ya tenga unos cuantos trienios, pero es que motivos tenemos los ciudadanos de esta bendita tierra para estar todo el día con la pancarta y los brazos en jarras. ¿Dónde está Jaén Merece Más? Iba a ser nuestra salvación, y ahora resulta que están que ni se atean entre ellos. ¿Tiene solución la provincia? Ahora todos dicen que sí, claro está, para que depositemos en ellos nuestra confianza.

    MARÍA GUTIÉRREZ SILES / Jaén

    Entre el garrote y el sillón

    Lo sucedido recientemente en las calles de Granada, el pasado jueves 16 de abril, trasciende la mera anécdota de la violencia callejera; es, en rigor, el síntoma de una democracia que comienza a mostrar sus costuras deshilachadas. Cuando el líder de VOX decide que los cordones policiales son meras sugerencias y no límites infranqueables, se cruza una línea roja que debería escandalizar a cualquier espíritu civilista. Sin embargo, lo más alarmante no es solo el ímpetu de la extrema derecha por buscar el choque, sino la manifiesta asimetría del garrote. Resulta intolerable que, bajo la mirada a veces pasiva y otras cómplice de las fuerzas de seguridad, grupos de seguridad privada exhiban porras extensibles —armas prohibidas por ley— contra quienes intentan frenar el avance del odio.

    Esta impunidad, donde el pirómano después se viste con la piel de cordero de la victimización, actúa como un veneno para la convivencia. Pero el silencio gubernamental y la falta de depuración en los mandos policiales colaboracionistas no son más que el reflejo de una dejadez institucional que ha dejado huérfana a la izquierda real. Esta desolación se agrava al mirar hacia el Palacio de San Telmo y las sedes del socialismo andaluz. Mientras la calle arde, el PSOE de Andalucía parece más sumido en una suerte de supervivencia biológica que en la articulación de una alternativa ilusionante. Los recientes procesos internos han sido una exhibición de cinismo político: en lugar de abrir las ventanas al aire fresco, el partido se ha atrincherado en el “sálvese quien pueda”. Asistimos al espectáculo de viejas glorias apresurándose a asegurar sus puestos de salida para garantizarse cuatro años más de sueldo y escaño, renunciando a la transformación de Andalucía por el puro interés personal.

    Este repliegue táctico le regala el campo de juego a Moreno Bonilla. El presidente andaluz, parapetado tras su habitual retórica de moderación y “sonrisa amable”, aprovecha este vacío de oposición para desmantelar, ladrillo a ladrillo, el Estado del bienestar. Bajo esa pátina de centralidad se esconde una realidad sangrante: una sanidad pública herida de muerte por la privatización encubierta, una crisis de vivienda que solo engorda las cuentas de grandes tenedores y especuladores.

    Moreno Bonilla emerge como el gran beneficiario de un PSOE que ha renunciado a la pelea y de una ultraderecha que, con sus algaradas, desvía la atención del empobrecimiento sistemático de lo público. Ante este panorama, la resistencia en las calles es un recordatorio de que la dignidad y la coherencia no suelen habitar en los despachos, sino en quienes se niegan a ceder el espacio público al autoritarismo. Es imperativo que la izquierda andaluza deje de mirarse el ombligo y confronte, de una vez, la alianza entre el rodillo privatizador del PP y la violencia desatada de VOX.

    AGUSTÍN GIRÓN FERNÁNDEZ

    Alergias: cuando el enemigo no es el polen

    Es de un cinismo insoportable culpar a los árboles de nuestras alergias mientras seguimos adorando el motor de combustión. Nos empeñamos en señalar al polen como un agresor, cuando la realidad es que hemos convertido el aire en un cóctel químico letal. No es la primavera la que nos enferma; es nuestra adicción a los combustibles fósiles. Las partículas diésel actúan como auténticos caballos de Troya: el polen se adhiere a ellas o se fragmenta liberando proteínas alergénicas que nuestro sistema inmunitario reconoce como un alérgeno más potente. Al combinarse con el dióxido de nitrógeno y el ozono, lo que antes era inofensivo penetra hoy hasta lo más profundo de nuestros pulmones. Pero el daño no se queda en la nariz. Según la OMS, estas partículas ultrafinas, que viajan por la sangre y se vinculan directamente con el aumento de ictus, demencia e incluso problemas de fertilidad, causan millones de muertes prematuras al año. Seguir priorizando el humo frente a la salud respiratoria es una ceguera colectiva. El polen es parte de la vida; la contaminación que generamos es la que nos está matando.

    MIGUEL FERNÁNDEZ-PALACIOS

    Natalidad en crisis. ¿Lactancia?

    En España, el permiso de lactancia de hasta 9 meses (una hora diaria, acumulable desde 2024 en días completos) resulta insuficiente ante el desplome de la natalidad. La OMS recomienda lactancia exclusiva durante 6 meses y continuada hasta el año, pero la vuelta al trabajo la frena: hoy, ambos progenitores deben trabajar para afrontar hipotecas, alquileres disparados y la carestía de la vida. Sin medidas audaces, ¿cómo incentivar familias? Europa ofrece pistas. Países como Suecia o Noruega extienden protecciones laborales más allá del año, con pausas remuneradas, salas de lactancia y apoyo público que no penaliza a las empresas. La UE promueve el equilibrio vida-trabajo y la salud infantil, pero España se queda corta, agravando la crisis demográfica. Los niños son el petróleo del futuro. En este periodo electoral, ¿qué fuerza política se ha planteado ampliar el permiso de lactancia a 12 meses, financiado por Seguridad Social con bonificaciones a pymes? Así se facilitaría la maternidad sin sacrificar ingresos familiares ni competitividad empresarial. Es una inversión en igualdad, salud y natalidad: No hay que olvidar que la lactancia es la base del edificio que va a tener el recién nacido en su organismo. Si los pilares son sólidos, el cuerpo podrá afrontar con más defensas los distintos avatares que tendrá en la vida.

    PEDRO MARÍN USÓN

    Cartas de los Lectores
    set (0 = 0)