“El buscón” de Quevedo cumple 400 años
Señor director: La novela “La historia del Buscón don Pablos, ejemplo de vagabundos y espejo de tacaños”, que es el título original de la obra de Quevedo, cumple cuatro siglos de existencia desde su publicación en Zaragoza allá por 1626, aunque parece ser que estaba escrita con una anterioridad de más de una veintena de años. Junto con “El Lazarillo de Tormes” y el “Guzmán” conforma la trilogía exponente y destacada de la picaresca de la literatura española. Aunque con una intencionalidad exagerada nos muestra “El Buscón” escenas despiadadas y grotescas faltas de reflexiones morales; quiere, por otra parte, reflejar y poner de manifiesto el vano, fatuo y presuntuoso afán de aparentar de la sociedad española de aquel siglo XVII ya en decadencia del Estado. Segovia, Alcalá de Henares —con su Universidad—, Madrid, Toledo y Sevilla son los escenarios donde se desenvuelven las trapacerías de don Pablos. Apaleado en un lugar, amenazado en otro, buscavidas en todos ellos, su existir es una lucha continua por la supervivencia: Una supervivencia pobre y lastimera fruto de sus engaños. Es el fruto de una picaresca agostada en una España falta de desarrollo social. Realismo descarnado, humor negro, hipocresía, avaricia, corrupción, crudeza de descripciones, crítica mordaz... todo ello y mucho más supo condensarlo Quevedo en estas páginas maestras que al lector pueden producirle aversión o regocijo. Pero lo cierto es que la novela conserva a través de los siglos una frescura latente que hace que se haya convertido en uno de los clásicos más renombrados. Sin embargo, párrafo final nos muestra a un don Pablos realista y tal vez reconociendo cuál es la senda del bien: “Yo, que vi que duraba mucho este negocio, y más la fortuna en perseguirnos —no de escarmentado, que no soy tan cuerdo, sino de cansado, como obstinado pecador— determiné (...) de pasarme a Indias (...), a ver si mudando mundo y tierra mejoraría mi suerte. Y fueme peor, pues nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar y no de vida y costumbres”.
JUAN ANTONIO NARVÁEZ SÁNCHEZ / Jaén
El otro 11-M
En este 11-M, mientras miramos con razón hacia atrás, convendría también mirar a los atentados silenciosos que hoy estallan en la vida cotidiana de miles de familias. La montaña rusa de los precios en el supermercado, con alimentos que se han encarecido más de un 36% en cinco años, convierte cada compra en una pequeña bomba sobre las economías más frágiles. Al mismo tiempo, el tejido productivo se desangra a cámara lenta con el paso de los años: en comarcas enteras, como el eje del calzado en Elche, Elda o Villena, las empresas caen en cascada, se acumulan concursos de acreedores “sin masa” y cientos de trabajadores descubren que ya ni siquiera hay patrimonio para liquidar. Para muchos, la verdadera zona cero es la puerta de la nave donde les comunican el cierre.
En paralelo, los supermercados refuerzan la seguridad frente al robo de alcohol, jamón o aceite mientras apenas hablamos del hurto más devastador: el del futuro de quienes encadenan salarios precarios, alquileres imposibles y facturas que no dejan de subir. Hasta el vino, símbolo de una cultura mediterránea, sobra ya tanto que la Unión Europea (UE) financia arrancar viñedos, como si el problema fuera el exceso de uva y no la falta de renta que sufren actualmente muchas familias todo el país. Recordar el atentado terrorista del 11-M exige honrar a las víctimas, pero también preguntarnos qué país estamos construyendo cuando tantas familias viven bajo la amenaza diaria del despido, la deuda y la pobreza normalizada. No todas las explosiones suenan; algunas se oyen en la caja del súper a final de mes, si el deteriorado bolsillo de la familia llega.
PEDRO MARÍN USÓN
Bajar impuestos: monotema del liberalismo
Una exclamación: ¡Qué sorpresa! Tanto PP como Vox proponen bajar impuestos. A ver, liberales de salón, escriban 200 veces: “El asfalto no brota por generación espontánea. Colegios, hospitales y pensiones no se financian con libertad”. La curva de Laffer es, para ellos, un auténtico dogma de fe; para el resto, un cuento de hadas que quiere convencernos de que bajar impuestos recauda más. Spoiler: nunca pasa, siempre se recauda menos. ¿Por qué no optar, en cambio, subir impuestos a grandes fortunas, bancos y energéticas que ganaron tanto? ¡Qué radicalismo bolchevique pedir progresividad! Mejor quitemos el impuesto del IVA, directamente, al pan para que el margen se lo quede supermercados y distribuidores y el Estado pierda millones de recaudación. Magnífico negocio para los de siempre.
Sabemos, porque ha sucedido, que cuando los impuestos se bajan “temporalmente”, luego hay que subirlos. Y entonces –¡oh, sorpresa!– los mismos que pedían bajarlos montan un escándalo. Es enternecedor ver cómo lloran por la inflación –«es el mercado (capitalismo), amigo»– mientras aplauden las privatizaciones de los 90 donde Aznar vendió a precios de saldo las “joyas de la corona” para que hoy, en plena crisis de una guerra aplaudida por PP y Vox, el Estado sea un espectador que paga la fiesta mientras los dividendos privados engordan. Pero oye, que el problemón es que pagas mucho de IRPF. ¡Claro que sí, campeón!
MIGUEL FERNÁNDEZ-PALACIOS GORDON
La sombra del engaño
Begoña era una joven mujer que hacía su día a día y so cotidianidad, hasta que un día cuya vida dio un giro inesperado cuando empezó a trabajar en un lugar misterioso. Allí conoció a alguien especial que despertó en ella un amor oculto. Aunque su romance duró años, fue una relación tormentosa y secreta. Begoña se veía obligada a encontrarse con su amante en la clandestinidad, siempre ocultándose de los demás. Pero lo que parecía un amor apasionado y sin fisuras, resultó ser directamente una persona tóxica con una doble vida. Begoña sufría en silencio, hasta que llegó el momento en que no pudo más. Un día, tras mucha reflexión, tomó la difícil decisión de alejarse de esa persona, aunque le costara lágrimas que no se merecía. Fue una elección necesaria para su bienestar y, poco a poco, Begoña se deshizo de todo lo relacionado con su tóxica obsesión. Decidió seguir adelante, sin ataduras. La reflexión que se puede alcanzar de todo esto: a veces debemos tomar decisiones difíciles para proteger nuestra felicidad y bienestar. Es importante valorarnos a nosotros mismos y rodearnos de personas que nos hagan sentir bien.
ANA CACHINERO / JAÉN