Arrugas

    19 abr 2026 / 13:23 H.
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    Recuerdan el viejo eslogan “la arruga es bella”? Hoy, en este mundo obsesionado con la imagen, no lo es. Un sinfín de cremas, inyecciones y filtros digitales prometen borrar del rostro esos pliegues que no encajan en el ideal juvenil e inmaculado, como si la perfección fuera eterna juventud. Ayer, las arrugas eran trofeos de la experiencia vivida: diplomas de la universidad del tiempo, con asignaturas implacables como aguantar desengaños. No se enseñan en aulas ni centros de formación; las impone la vida con sus avatares, un test riguroso que no todos superan con honor. La historia de la humanidad enseña que la adaptabilidad en tiempos duros, como guerras o pandemias, marca el rumbo de nuestras vidas y forja esas marcas que hoy nadie quiere lucir. La tecnología ofrece oropel exterior: rostros transformados en redes sociales que ocultan un interior que no es fiel reflejo de la imagen proyectada, un alma curtida por batallas invisibles. Pero ¿de qué sirve una piel lisa si no cuenta una historia auténtica? Las arrugas no restan belleza; la profundizan con verdad y sabiduría ganada. El piropo “pareces más joven” es fiel reflejo de este mundo idealizado.

    PEDRO MARÍN USÓN

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