Venezuela
Aún tengo grabada, como tantas otras imágenes, la foto de Aznar y Chávez riendo y dándose palmaditas en la espalda en el palacio de la Moncloa. Después, desde que Zapatero llegó al gobierno, este país caribeño ha servido como comodín durante veinte años al PP, y más tarde a VOX, para usarlo contra la izquierda y para dividir aún más a los españoles en nuestras refriegas patrias de mesa de camilla. Y digo esto como preámbulo ya que sé que será inevitable que me digan que lo que yo hago con este artículo es defender la dictadura de Maduro.
En Venezuela están viviendo un nuevo capítulo de un mundo que parece haber perdido el norte y el alma, un mundo gobernado por psicópatas en el que solo manda el poder del dinero. Y esos gobernantes para buscar el lucro son capaces de saltarse cualquier ley nacional o internacional, son capaces de eliminar los derechos humanos o de destruir la democracia. Si el padre Francisco de Vitoria se levantara de su tumba, se volvería a morir del espanto de ver cómo la barbarie está venciendo en nuestros días a la civilización.
En Venezuela no ha sucedido nada nuevo ni imprevisible. Y si hubiera que resaltar algún detalle como novedoso en el ataque criminal de Trump a este estado, sería que ya no se disimula ni se acude a la retórica. Ahora el poder imperial reconoce abiertamente que invade a otro país para apropiarse de sus riquezas. Trump llegó a decir que intervendría este país ya que el petróleo ha sido robado a los estadounidenses, mientras una de sus congresistas decía que está intervención sería un festín para las compañías petroleras de Estados Unidos. Estas cosas se pueden tomar con el mismo humor con el que se tomaron los europeos el ascenso de Hitler en la década de los años treinta, y daría risa si no fuera por las tragedias que hay tras semejantes barbaridades.
A pesar de lo que vocean los correligionarios de Trump en nuestro país, de lo que difunde la derecha ultra y la ultraderecha, no es cierto que se haya actuado así para llevar la democracia a Venezuela, no es cierto que se haya buscado combatir a un autócrata o el narcotráfico como decía Trump, solo se ha buscado quedarse con las riquezas de este país. Y mientras todo esto se preparaba y sucedía, el presidente de Estados Unidos daba un indulto pleno y completo al expresidente de Honduras que fue liberado a principios de diciembre, a pesar de tener una condena de cuarenta y cinco años de cárcel dictada tras ser declarado culpable por un jurado federal de estados Unidos que lo declaró culpable de conspirar para importar cocaína y de haber cometido delitos con armas de fuego. Con todas las implicaciones que conlleva este indulto para la justicia, la política antidrogas, los derechos humanos y la gobernanza democrática en ambos países.
El gobierno de Estados Unidos vuelve a mentir como en tantísimas ocasiones para defender los intereses de sus grandes corporaciones y mafias. Ha pasado como en Irak, en donde Bush, Blair y Aznar lideraron el gran engaño para justificar la invasión de un país cuyo resultado fue el de poner la gran riqueza petrolera de ese país en manos de las grandes empresas estadounidenses. Mintieron a sus pueblos para justificar la destrucción de las instituciones iraquíes e instalar un régimen aún más corrupto que el de Husein.
No les importa que Maduro sea un dictador, de hecho, hay otros aún más sanguinarios, mucho peores, a los que defienden y han estado o están en el poder gracias al apoyo de Estados Unidos. En cuanto al narcotráfico, no se mencionaba en los informes del Departamento de Estado sobre operaciones antidrogas en el mundo a ningún cártel de los Soles ni se relacionaba a Maduro con el narcotráfico. Y según la Administración para el control de drogas de Estados Unidos, DEA, la mayor parte de la cocaína en polvo entra desde México y el 90% se produce en Colombia. Aquí lo que está claro es que han entrado a saco en Venezuela porque en este país se encuentran las mayores reservas de petróleo del planeta, la cuarta mina de oro más grande del mundo y la décima reserva de gas, entre otros recursos de gran valor.