Una de cobardes
Qué tristeza tan grande me invade cuando recuento a las mujeres que en tan sólo dos meses han fallecido a manos de sus parejas. De las diez mujeres fallecidas, siete eran españolas y de estas, tres eran andaluzas, todas asesinadas por agresores españoles a quienes al menos en un primer momento, consideraron el amor de sus vidas. No me extraña que la violencia esté campando a sus anchas entre nosotros, pues aprendemos por lo que vemos y son muchas las vivencias violentas que nos rodean. Las noticias de agresiones y muertes inundan nuestro entorno más cercano a lo largo del día. Cada mensaje recibido parece demostrar que la paz no se consigue con el diálogo, sino empleando la fuerza o aniquilando al contrario para vencer y conseguir lo deseado. Si seguimos así, en pocos años la mujer será una especie en extinción o un ser sin voluntad propia, sometida a la tiranía del más fuerte. Es urgente empezar a educar en la no violencia e introducir una asignatura que nos ayude a identificar y controlar la agresividad para aprender a dialogar y hablar del dolor sin herir. Como decía Gandhi: “La no violencia es la cumbre de la valentía”. El cambio real comienza en las aulas y en el respeto mutuo.