Un mar de preguntas

28 ene 2026 / 08:35 H.
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Adivina adivinanza: ¿La demora tranviaria tiene fin? No. Hoy los tiros no van por esas vías porque después de década y media ya me aburrí de preguntar siempre lo mismo. Hoy, mis preguntas están relacionadas con el grado de libertad que le queda a una sociedad europea que comienza a plantearse interrogantes difíciles de responder por el cambio de paradigma. Los españoles en particular y los europeos en general, pensaban que los problemas estaban afuera, pero solo había que mirar y escuchar atentamente para sentir una desconfianza que calaba los huesos. Describir lo que sucede hoy día en el mundo, no deja de ser una experiencia asociada a la ciencia ficción, porque aparecen en el horizonte más preguntas que respuestas a pesar del exceso de información y del déficit de conocimiento sobre el porqué ocurre lo que está ocurriendo. ¿Se nos ha borrado de la conciencia general el pensamiento racional, ese que ha desaparecido de la vida de los omnímodos mandatarios mundiales que lo abarcan todo? Está claro que una vez que llegan al poder, demuestran tener una forma de pensar impregnada de una mala fe que asusta al resto de la humanidad. El caso es que la gente necesita una esperanza a la que aferrarse en momentos como este. Cuestiono a estos falsos profetas que utilizan la fuerza bruta de las armas como herramienta de su fe. ¿Cuál será el próximo paso que quieren dar en el camino que han emprendido? ¿En qué sentido nos enriquecen sus políticas expansionistas? ¿Aspiran acaso a algo bueno que solo a ellos beneficia? Y en ese contexto, cuáles serán las preguntas correctas que tendríamos que hacernos frente a la falta de autenticidad de un liderazgo que no promueve el bienestar de la persona como fin, ni considera la dignidad como el eje nuclear de nuestra vida.

Immanuel Kant dijo: “Tratar a las personas como fines en sí mismos, no como medios”. Como idea, digo yo, es inmejorable, tal y como es la de volver a una nueva era de las humanidades con espíritu crítico. Los amos del mundo no buscan la diversidad en la toma de decisiones, Trump circula al revés, por algo es experto en tratos que siempre gana y cada decisión que toma raya lo bestial por el efecto que causa en la desnudez y escasez de los demás. Estadounidenses, chinos y rusos, están regulados por un rango de normas que deben cumplirse porque por algo están establecidas por ellos: “Hago lo que considero oportuno, según mis intereses”, dicen con total desparpajo. Y yo me pregunto, la adicción de la Comunidad Europea al trampista tiene límites o el viejo Continente tendrá que rebelarse para no quedarse para la historia como los Estados Unidos de Europa que no supieron eliminar sus complejos frente al saludo nazi de E. Musk, las falsas disculpas del trampista Trump tras el asalto al Capitolio y su negacionismo climático por defender los combustibles fósiles. Está claro que, en el grupo de trampistas, el cinismo reina sobre la verdad. Tras un engaño, una protesta, y nos ahorraremos las preguntas trampa que, en caso de responderlas como se merecen, serán las que registren nuestra experiencia en el mundo. Lo de Venezuela fija un precedente ilegal de consecuencias impredecibles para los países más vulnerables. Dicen que con el trampista, desaparece la legalidad nacional, y la legalidad internacional, ni que Trump fuera un egocéntrico que solo piensa en sí mismo. ¿Qué grado de libertad nos queda a los europeos tan próximos a la sumisión?

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