Revolución del ensayista

25 feb 2026 / 08:27 H.
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Con Richelieu triunfa el nacionalismo: “Hay que reducirlos a los términos en que todos los súbditos sumisos deben estarlo en un Estado, y depender solo de la voluntad de su dueño y señor”. No intento deformar la realidad, radiografío la miseria moral humana con elegancia estilística y con cuidadosa composición para realizar una introspección sobre las vergüenzas seculares que separan a los españoles de las dos Españas. Ocurre como si el destino nos dijese renunciad a las reliquias de un pasado y por medio de vuestra renuncia, vuestro pago a la sociedad supondrá un notable alivio. A la luz de las nuevas ideas, he decidido continuar creyendo en lo que siempre he creído, en esa democracia reveladora de una línea argumental que no por manida, ha dejado de ser una fuente inagotable de actualidad. Simone de Beauvoir pensaba que el hombre es malvado y se convierte a la bondad a través de la cultura y el apego a vínculos afectivos, por eso pocas experiencias dan más sentido que hacer mejor la vida a los demás. Pero vivimos en esta montaña rusa de euforias y desengaños donde no hay trama que no sea perjudicial en un mundo que se mide por la edad de las galaxias y la velocidad de la luz. Décadas de adoctrinamiento en la ignorancia, instigada por una política agresivamente posesiva y analfabeta que ha desprestigiado y casi extinguido el amor por el saber, al que han convertido en una antigualla dañina y sombría alejada de los asuntos éticos que debían cerrar la brecha de un largo periplo de carestías económicas y de carencias morales que nos recuerda que el sistema de libertades que por fin fue restablecido, corre el peligro inminente de no conservar en su independencia el poder de la razón, esa razón que hoy día da la espalda a las exigencias de una diplomacia internacional que, aunque desea el fin de situaciones de guerra vergonzosas y estúpidas, contempla estupefacta la ignominia de ciertos gobiernos en materia de derechos humanos. Incluso resulta estúpido que ignoren porqué bajan las rentas, suben los impuestos y las finanzas favorecen a los mismos de siempre.

El cambio de la nueva era en la política norteamericana ha llegado con un mafioso como D. Trump que en nombre de la democracia induce a los jóvenes para que se inclinen hacia la extrema derecha: “Abducidos por las redes sociales y el movimiento MAGA y su pensamiento único que, en su desarrollo, explica con meridiana claridad lo que está pasando dentro de la burbuja que los tiene incomunicados y apartados del mundo real”.

Esto, dicho en condiciones normales, sería suficiente para alumbrar la idea de que no basta con poseer virtudes como la honradez, el valor, la cultura o hablar con frecuencia de libertades republicanas. O, incluso saturarse de ética y moral que son cosas muy apreciables para unos revolucionarios conservadores que provocan rebeliones novelescas que solo causan algún que otro desorden auspiciado por virtudes imaginarias que afectan a un falso y edulcorado honor.

Convendréis conmigo en que la sal y la pimienta de una revolución pasa por sentirse uno fuerte ante el abuso continuado del poderoso. Con una actitud agresiva y un empuje francamente hostil, hay que descender hasta los infiernos para igualarse a aquellos ultrarricos, cínicos y ambiciosos transgresores que avanzan hasta la victoria autoritaria sin ni siquiera mirar a cuantos inocentes se llevan por delante.

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