Que nada te asuste
El primer reto al que se enfrenta una criatura que está aprendiendo a caminar es ponerse en pie después de cada caída, y perder el miedo de volverlo a intentar. Seguido a esos primeros pasos, el tiempo inevitablemente echará a correr contigo a la par que nuevos peligros y posibles causas de padecimiento entran en escena con otras fobias y temores que superar. Igual que el sonido acelerado de un corazón muerto de miedo que con urgencia late inesperadamente, el temor a que suceda lo contrario de lo que se desea surge así y nunca en la vida desaparece. Pero también el miedo hace a las personas prudentes y al cobarde, “dicen” que convierte en valiente. Lo cierto es que con el paso de los años se puede llegar a perderle el miedo a tantas cosas que ya solo queda empezar a temer por el miedo que los demás tengan de uno mismo. Rodeados de todas las fobias afectivas o inventadas que esta desgracia de sociedad ha creado de entre redes y algoritmos, hemos ido regalando al sistema sin oposición ni conciencia alguna el más preciado miedo: todos nuestros datos personales e íntimos archivados a gusto del mejor postor y a merced de quienes siembran miedo, o a remoto te atraca.