Prioridad mundial
Cada 1 de mayo, las calles se llenan de consignas que nos recuerdan que el trabajo no es solo un medio de subsistencia, sino el eje central sobre el cual se construye la ciudadanía. Sin embargo, en pleno 2026, esta fecha debe trascender más allá del mero recuerdo histórico para abrazar la visión global de los Derechos Humanos. Porque el derecho a trabajar con salarios justos, seguridad física y bienestar mental no es un privilegio negociable, sino una exigencia de la dignidad humana. Una prioridad mundial, no nacional, pues es necesario entender que la justicia laboral no puede detenerse en las fronteras. El derecho de las personas migrantes a encontrar un trabajo digno en otros países es una extensión natural del derecho a la vida. Cuando una persona se desplaza buscando futuro, su necesidad no es “extranjera”, es una urgencia humana que nos interpela a todos. La prioridad debe ser la creación de un estándar de vida digno para todas las personas, dado que no habrá progreso real mientras el bienestar de unos dependa de la exclusión de otros por su origen. Recordemos que la verdadera ciudadanía se ejerce defendiendo los derechos de quien tenemos al lado, sin preguntar de dónde viene.