Nuevo orden mundial
El nuevo orden mundial no entiende de Derechos Humanos, ni de legalidad internacional. No frenan sus masacres Rusia, USA e Israel y hay lugares como Ucrania, Palestina, Líbano que se desangran. Bombas, hambre, ayuda humanitaria bloqueada y lemas como: “se van o serán destruidos” se imponen a una población civil indefensa. Cisjordania en permanente acoso ha sido ocupada por un pueblo semita de nacionalistas ultra religiosos que han perdido el sentido de la humanidad y mata a inocentes como si fueran animales. Miles son los muertos, los mutilados y muchos los edificios destruidos, mientras países acríticos y pusilánimes con las guerras no denuncian la indecencia moral de gobernantes como Trump, Netanyahu que ejecuta una limpieza étnica para anexionarse la Franja de Gaza y Cisjordania. Imagino que habrá mucha gente indignada porque tiene que soportar el peso de una tiranía y me escandaliza la idea de revivir viejas vivencias en un mundo sin orden ni concierto y en manos de la ley del más fuerte que se justifica con obviedades que ponen en entredicho la paz y la justicia mundiales. Vivimos en democracia, en un estado de bienestar que antes que se colapse, como ya ha ocurrido en otros países, debemos indignarnos para hacer frente a poderosos que han evolucionado a la sombra de lo que les importa: las finanzas y los aires expansionistas. Atrás quedan las víctimas arrinconadas que no pueden recuperar la normalidad de sus vidas, está claro que el poder del dinero nunca había sido tan grande ni había hecho tan insolentes y egoístas a gobiernos amorales y a su cohorte de siervos que han dejado de mirar por el interés general. Cada época ha tenido una voluntad de compromiso con la historia y de la indignación, nació la resistencia contra todo gobierno autárquico. La carrera emprendida por unos desaprensivos, no pueden dominar nuestras vidas, sabemos que no es fácil, pero la indignación es un arma poderosa para luchar contra el nuevo nazismo y sus múltiples variantes que rememoran los campos de concentración, los muros, los ataques preventivos en lugares geoestratégicos y vuelven sin pudor a los retrocesos en derechos humanos y en el estado de bienestar. Que tomen nota los jóvenes por si el día menos pensado se ven privados de esos derechos, ellos que nacieron en democracia. ¡Cuidado! Estamos andando el camino inverso a una velocidad alarmante y me preocupa que el trío del horror y la guerra nos arrebate los logros en valores éticos, de justicia y libertad. No dejemos que se apoderen de lo que es de todos y en caso de perderlo es nuestro deber recuperarlo a pesar de la opinión mediática que controla medios de comunicación —necesitamos una prensa independiente con respecto al Estado y a los poderes económicos— que buscan la sumisión y que sucumbamos a los bulos y las mentiras propagandísticas. Conocemos a quien manda, que es el mismo que nos quiere atropellar, cual totalitarismo que aplica, tanto con fórmulas injustas como con recortes inaceptables de derechos. Contrapongamos en nombre de unos principios y valores —más necesarios que nunca— que se asientan en una democracia moderna de la que debemos sentirnos orgullosos porque garantiza a todos los ciudadanos la subsistencia económica y social, implementada con un desarrollo creativo y crítico que refuerzan los cimientos de las conquistas sociales y el deseo no cumplido de la paz mundial.