Navideños grillos al gratén
Los cinéfilos tendrán en mente la escena de “El Acorazado Potemkin”, al inicio del film, (S. M. Eisenstein. 1925) en la que a través de las gafas del médico de la nave podemos observar bastantes gusanos en la carne dispuesta para alimento de los marineros. No haremos spoilers de lo que después acontece en esa obra maestra pero sí que esa visión nos acerca a otras escenas más familiares que, si peinamos ya cierta edad, recordaremos con la nostalgia de un tiempo ya consumido en ajados calendarios. Cuando la abuela nos sentaba en la mesa de la cocina para “limpiar las lentejas” una a una, separándolas en montoncillos, aquel juego podía tener dos “pantallas” que superar. Una de ellas eran las piedras, en ocasiones casi guijarrillos, que adornaban el peso de la legumbre envuelta en su característico papel de estraza. Esa parte era incluso divertida. El segundo episodio era el hallazgo de los gorgojos. En alguna que otra lenteja se veía asomar un bichejo que nos parecía inmundo y cuya sola visión nos desagradaba profundamente. En alguna ocasión, cuando los cromos esperaban ya ser incorporados al álbum y preparábamos cuidadosamente el “pegamento” con harina y agua, era el momento de descubrir que entre la blancura del paquete aparecían pequeños movimientos extraños: la harina estaba “agusanada”. Otra aportación al pequeño zoo casero de los insectos de la infancia sin olvidar las noches mecidas por el “cri cri” de los grillos o el roce áspero de las patas de los saltamontes cuando nos recorrían inadvertidamente el brazo en tardes veraniegas. ¿Qué decir del salvaje pasatiempo de hurgar con un palo en la entrada de los hormigueros para ver salir a las pobrecillas hormigas despavoridas? Hormigas, grillos, gusanos, saltamontes... compañeros de infancia que ahora vuelven a nuestras vidas, pero vestidos de rica vianda y con marchamo de salud y bienestar. Dicen los entendidos que tales proteínas son de alto interés para nuestro cuerpo serrano y que, en aras de un futuro sostenible, hemos de lanzarnos a su consumo con alegría y satisfacción. ¡Ay de mí! Ya imagino la cena de Navidad con un suculento guiso de hormigas con verduritas seguido de muslitos de grillo al graten y, de postre, bizcocho de harina de gusanos con topping de pata de saltamontes garrapiñada. Todo un placer gastronómico que, sin duda, no formará parte de nuestro menú familiar. Afianzaremos el espíritu navideño con su ración de marisquito, cordero, besugo y otras delicatessen del mundo animal pero alejadas de la taxonomía coleóptera, ortóptera, dictióptera o vermiforme. Es posible que las mesas del futuro nos traigan sorpresas, pero mientras tanto los insectos están mas guapos en los famosos documentales de La 2.