Más allá de la luz...
La comodidad tiene un precio muy caro. Coste que ignoramos cuando domiciliamos los gastos que hacemos en un periodo contratado. Porque no solo es la valía de que nos retiren de nuestra cuenta corriente la cantidad conveniente, sino que vendemos por un módico precio llamado “comodidad” nuestros datos al hacker que ose arrebatarnos nuestra tranquilidad. Aunque supongo que ya estará enterado del fraude de la famosa empresa de red eléctrica. Lo que en este espacio de opinión quiero reivindicar es que una empresa se viste de gala no solo cuando los dividendos suman en beneficios hasta cifras estratosféricas, sino el cuidado con el que tratan a las personas que son clientes. Hecho que dadas las circunstancias ha dejado mucho que desear. Leyes de protección de datos. ¿? Si en unos clics, la agenda la barren sin la debida protección. ¿En manos de quién estamos? Solo un mail notificando que somos afectados. ¿Y los daños? ¿Perjuicios morales —muy importantes— y económicos? A esta empresa se le ha apagado la luz de la confianza. ¿Quién va a confiar en esta compañía eléctrica si no protege a sus usuarios? Y para pedir cita presencial el acabose... Domiciliación no, mejor pago en ventanilla.