La jerarquía y el acoso

    28 feb 2026 / 08:34 H.
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    La dimisión del director adjunto operativo de la Policía Nacional tras la admisión de una querella por agresión sexual vuelve a poner el foco en un problema estructural: en las organizaciones jerárquicas el poder tiende a protegerse a sí mismo. Cuando el acoso procede de arriba, los protocolos internos rara vez funcionan con eficacia. En una estructura jerárquica cerrada, quien controla la carrera profesional controla también el silencio. El superior no solo tiene autoridad funcional sino de premiar, castigar, marginar. El poder administrativo se convierte en poder psicológico. La subordinación profesional crea una asimetría que contamina cualquier vínculo afectivo. Lo que desde fuera puede interpretarse como relación consentida puede estar atravesado por dependencia, miedo o cálculo de supervivencia. La llamada pseudo-afectividad —la cercanía interesada o defensiva hacia el superior— puede ser leída por éste como deseo, o utilizada como coartada. Cuando la subordinada intenta romper, emerge la presión, la manipulación y el hostigamiento. El caso no es solo penal: es institucional. Tener protocolos no basta si no se activan de inmediato ni separan a la víctima del presunto agresor. Sin garantías reales, el poder del poder se impone sobre la dignidad.

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