La debacle

    22 feb 2026 / 09:06 H.
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    Hoy hay demasiados asuntos que tratar en las calles, todos del máximo interés al menos para mí, pero lo que se escucha en las esquinas nada tiene que ver con esas cosas. Ocurre, creo yo, que la gente está tan sorprendida que ha optado por no discutir y guardarse su opinión para darla en un sobre blanco y otro amarillo, el día que toque votar. No les valen más enfrentamientos ni escándalos pues ha quedado demostrado que a quienes están en los escándalos les da absolutamente igual. No encuentran razones para dimitir pues no las tiene ni el gran jefe mucho menos las van a tener ellos que son de segunda fila. El tiempo pasa y no es fácil olvidar que, antes o después los resultados electorales pondrán a cada uno en su sitio o no. Porque como bien dicen algunos significados en lo suyo, al fin y a la postre, y si no se le poner pie en pared antes del descalabro final, pagaran justos por pecadores, pagaran gentes con verdadera voluntad de servir a lo público por los desmanes de los altos mandos con verdadera voluntad de servirse de lo público. Poco margen queda ya para dar una solución a la inevitable y dolorosa travesía del desierto. Y me la juego a que ni por esas van a admitir que sus manos, tantas veces quemadas al fuego lento de los apoyos incondicionales, estén detrás del desastre que se les avecina, no. Nos echaran las culpas a todos los demás seamos de izquierdas o de derechas.


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